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jueves, 29 de agosto de 2019

AL FILO DEL CAFÉ | La vida como danza

Sección coordinada por J. Ignacio Mancilla*



Pequeña entrada intempestiva

Este pequeño texto que quiere honrar la memoria de Friedrich Nietzsche fue propuesto para su publicación en La Gaceta Universitaria de la Universidad de Guadalajara, se  me comunicó que había sido aceptado, pero no se me dijo cuándo se publicaría; de modo que va en este espacio tan especial para mí y no quiero hacerlo sin agradecer las atenciones de José Luis Ulloa y Antonio Ceja, esperando su aparición en La Gaceta de mi Alma Mater.

De manera simultánea, esta publicación aparece en Cuerdas Ígneas, un espacio de reflexión continua en el que se ha trabajado desde hace cuatro años.


La vida como danza en la filosofía de Friedrich Nietzsche.


A manera de homenaje luctuoso, en el 119 aniversario de la muerte del filósofo más inquietante: ¡todavía hoy!


J. Ignacio Mancilla [1]



“La praxis, la vida humana, no es un proceso
(una actio), sino más bien un mysterion en
el sentido teatral del término,
hecho de gestos y palabras”.

Giorgio Agamben. Karman.


El domingo 25 de agosto del presente año se cumplieron 119 años de la muerte de uno de los filósofos más inquietantes, acaso el más perturbador para las buenas conciencias morales que todavía pululan en pleno siglo XXI; esto en el caótico mundo moderno y su ¿inminente catástrofe?


Va, pues, este pequeño texto, para honrar la memoria de un pensador que apostó, radical y trágicamente, por la vida y todas sus consecuencias; y lo haré retomando sus aparentemente simples reflexiones sobre el baile y la danza en el apartado Canción de baile de la segunda parte de Así habló Zaratustra, para mostrar cómo la “voluntad de poder” nietzscheana no significa otra cosa que “voluntad de vivir”, con todas sus contradicciones. ¿Podía ser de otro modo?


F. Nietzsche en 1882,
el tiempo de Así habló Zaratustra.


Primero acudiré a una o dos de sus expresiones referentes al baile y la danza, en Así habló Zaratustra. Un libro para todos y para nadie (la edición que manejo es la de Rafael Hernández Arias, Valdemar, Madrid, 2005), a las que añadiré mis propias cavilaciones y, después, a manera de un apoyo filosófico pertinente para nuestro tiempo, me valdré de algunas ideas de un pequeño libro de Giorgio AgambenKarman. Breve tratado sobre la acción, la culpa y el gesto (Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2018), uno de los más importantes biopolíticos vivos, para aunar y anudar su propuesta a mi lectura del maestro de los aforismos y radicalizar, de ese modo, la concepción trágica nietzscheana sobre la vida misma y sus bellas metáforas sobre el  baile y la danza.

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El apartado que estoy considerando viene precedido de La canción de la noche y le sigue La canción de los sepulcros, en los que la música aparece más que connotada y ocupa un lugar central en la reflexión nietzscheana (¡claro, Nietzsche era músico!, me acota la R).

El fragmento en cuestión inicia con la llegada de Zaratustra a un bosque en el que bailan varias muchachas, que al ver a Zaratustra dejan de hacerlo; por lo que el profeta nietzscheano (el primer inmoralista, antípoda del personaje histórico), las conmina a que no dejen de danzar y se los dice de la siguiente manera:

“<<¡No dejéis de bailar, encantadoras jóvenes! Ningún aguafiestas se ha acercado a vosotras con mirada de reproche, ningún enemigo de jovencitas.

Soy abogado de Dios ante el diablo: pero éste es el espíritu de la pesadez. ¿Cómo podría ser yo, ágiles criaturas, enemigo de bailes divinos? ¿O de pies femeninos de hermosos tobillos? […]>>” (p. 181).

Enseguida Zaratustra se equipara al bosque y a la oscuridad, para posteriormente ironizar sobre un pequeño Dios (¿Eros?) y solicitar a las jóvenes que bailen, no sin decirles que él mismo, Zaratustra, cantará “una canción de baile y de burla contra el espíritu de la pesadez”; que dicen es “El señor de este mundo”.

Cabe aclarar que el mismo Cupido fue el que bailó con las muchachas.

No puedo ahondar, por los límites de espacio, en todo lo que Nietzsche juega en esa Canción de baile, por lo que solamente rescataré las dos ideas centrales que tienen que ver con la concepción trágica de la vida que sostuvo el creador de Zaratustra, el ateo.

Y para hacerlo lo citaré de nuevo.

“Hace poco he mirado, ¡oh vida!, en tus ojos, y me pareció hundirme en lo insondable”.

Después de hacer una compleja relación entre vida, sabiduría y verdad (además de él mismo), Zaratustra, en su canto, afirma con relación a las tres que:

Así están las cosas entre nosotros tres. A fondo, sólo amo la vida - ¡y, en verdad, sobre todo cuando la odio!” (p. 182).


F. Nietzsche en 1861.


De esta forma, el canto de Zaratustra, como la vida misma y como el propio texto de Así habló Zaratustra, es insondable; no obstante ello, habrá que entresacar algunas ideas directrices para intentar comprender las enseñanzas del filósofo de la angustia y leerlas desde la singularidad del mundo de ahora (para lo que nos valdremos, como ya lo dije, de algunas de las ideas de Agamben en el texto ya mencionado).

El apartado se cierra con la tristeza de Zaratustra ante la ida de las muchachas bailarinas y, todo en un tono de tristeza y melancolía del personaje (¿y de Nietzsche también?), se remata con las siguientes preguntas que involucran, precisamente, el sentido o sin sentido de la vida.

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Es por ello que cito, completo, el final de este bello apartado de Así habló Zaratustra; para después enlazarlo con las reflexiones de Agamben sobre el sentido de la acción, la culpa y el gesto, como su propuesta para superar la dicotomía entre teoría y práctica y demás cuestiones relativas al pensamiento occidental.

Va, pues, el magnífico cierre de Canción de baile:

“Así cantó Zaratustra. Más cuando el baile terminó y las muchachas se habían ido, se puso triste.

“<<Ya hace tiempo que el sol se ha ocultado, dijo finalmente; la pradera está húmeda, de los bosques llega el frío.

“Algo desconocido está a  mi alrededor y mira pensativo.

¡Cómo! ¿Aún vives Zaratustra?

“¿Por qué? ¿Para qué? ¿Con qué? ¿Hacia dónde? ¿Dónde? ¿Cómo? ¿No es una necedad seguir viviendo?-

“¡Ay, amigos  míos!, el atardecer es quien así me interroga. ¡Perdonadme mi tristeza!

Ha atardecido: ¡perdonadme que haya atardecido!>>

“Así habló Zaratustra” (p. 183).


Nietzsche con Lou-Andreas Salomé y Paul Rée
(una foto irónica y paradójica,
por razones que habría que detallar en otro texto).


La vida, pues, no es de color de rosa y, en ocasiones, su negrura perturba hasta el desquiciamiento; pero, no obstante ello, Nietzsche siempre fue una gran partidario y defensor de la vida toda.

Al grado que podemos decir que su filosofía es y sigue siendo una filosofía de la vida; una filosofía para la vida.

Ello independientemente de que su propuesta, que quiere ser una respuesta a los callejones sin salida de la modernidad y su acendrado nihilismo, no esté exenta de contradicciones, como de hecho no lo está ninguna.

Y sí, como muy bien lo ve Agamben, mucho del pensamiento occidental, desde Platón hasta nuestros días, se manifiesta ambiguo con respecto a la dicotomía entre pensamiento y acción y, sobre todo, con relación a la cuestión de la voluntad y de la imputabilidad de la responsabilidad del sujeto a la hora de actuar. Estamos hablando del asunto de la soberanía del sujeto y la cuestión de la libertad; además de otras cuestiones candentes para la filosofía.

Cosas todas que Nitezsche supo entrever en su pensamiento y si no pudo resolver sus implicaciones es porque el pensar occidental se ha debatido, precisamente, en la dicotomía que establecieron Platón y Aristóteles entre teoría y práctica (salvo raras excepciones).

Todo esto es lo que analiza Agamben en el pequeño texto aquí convocado y en el que, en eso consiste su propuesta, plantea que para ir más allá de esas escisiones, es necesario poner en el centro lo siguiente: “(…) el gesto expone y contempla la sensación en la sensación, el pensamiento en el pensamiento, el arte en el arte, la palabra en  la palabra, la acción en la acción” (p. 160).

Sé que habría que hacer más mediaciones entre Nietzsche y Agamben, particularmente entre Así habló Zaratustra y Karman, pero en la medida en que este texto es un sincero al maestro de los aforismos en su 119 aniversario luctuoso, termino, provisionalmente,  con una pregunta:

¿Nietzsche era, de alguna manera consciente de todo esto, al darle a la danza y a la risa papeles tan protagónicos en su mayor obra filosófico-literaria?

Cierro aquí, dejando la pregunta abierta.


Pequeña bibliografía:

Nietzsche, Friedrich, Así habló Zaratustra. Un libro para todos y para nadie, Valdemar, Madrid, 2005.
Agamben, Giorgio, Karman. Breve tratado sobre la acción, la culpa y el gesto, Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2018.       


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J. Ignacio Mancilla.
PlasmArte Ideas, agosto, 2019.
Twitter: @plasmarteideas
Instagram: @plasmarteideas
  
*Al Filo del Café es coordinada por J. Ignacio Mancilla.

*[Ateo, lector apasionado, 
militante de izquierda (casi solitario).
Lacaniano por convicción
y miembro activo de Intempestivas,
Revista de Filosofía y Cultura.]

Contacto: ig.man56@gmail.com











[1] Profesor de asignatura del Departamento de Filosofía del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) de la Universidad de Guadalajara en las materias del Seminario de Nietzsche y Filosofía de la Psicología.

Las negritas en el texto fueron colocadas en la edición para destacar puntos de lectura.

martes, 14 de noviembre de 2017

COCTEL DE LETRAS | Herstorian: Linda Nochlin y la crítica feminista del arte

[Sección coordinada por Inés M. Michel*]



[Colaboración de Hilda Monraz]




Linda Nochlin nació el 30 de enero de 1931 en Nueva York y murió el 29 de octubre de 2017, en Manhattan, presumiblemente de cáncer. Se dedicó a la historia del arte, a su enseñanza, y sobre todo a su investigación y difusión con una mirada feminista. En eso fue pionera y se le atribuye ser una de las primeras en ponerse las “gafas moradas” al mirar la producción artística a través de la historia. Escribió diversos textos que marcaron pautas en su especialidad. En 1971 publicó el que probablemente es su artículo más famoso, intitulado  “Why Have There Been No Great Women Artists?”, que la catapultó como una de las más reconocidas críticas de arte con mirada feminista.
Dicho ensayo se insertó en una dinámica de movimientos feministas que buscaban respuestas a las preguntas sobre la invisibilidad de las mujeres en el mundo, incluyendo el arte. El llamado feminismo de la segunda ola cobraba auge en Estados Unidos y cuestionaba lo que significaba ser mujer y ser hombre en las distintas sociedades. Nochlin fue más allá y se preguntó ¿por qué no ha habido grandes mujeres artistas? ¿No existieron? ¿Las callaron? ¿Qué pasó durante tantos siglos para que no tuviéramos una Miguel(a) Ángel(a) o una Leonard(a)? La primera contestación que hace en el texto, asumiendo la construcción social común de los géneros es que las mujeres no pueden llegar a ser grandiosas como los hombres. Sin embargo, plantea también la crítica a las propias miradas feministas. Según Nochlin, no se debe caer en la trampa de contestar inmediatamente sólo visibilizando a las mujeres que pueden asemejarse a los “grandes artistas” del pasado. No se trata sólo de rescatar a quienes tuvieron talento (aunque no el apoyo), sino de preguntarse qué representó ser “gran artista” en su contexto y por qué.

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Linda Nochlin. Tomada de: thetimes.co.uk

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Nochlin aseguró en su artículo que las mujeres a lo largo de la historia no han tenido las mismas oportunidades que los hombres para instruirse en el arte y mucho menos para producirlo o exponerlo. La autora argumentó en torno a la educación que durante siglos se les negó a las mujeres en diferentes momentos históricos, lo cual explicaría en gran medida la falta de presencia de ellas en el mundo artístico. Pero también encontró una invisibilidad sistemática que se les impuso, a partir de la creencia de que ellas no pueden crear arte, sino sólo reproducirlo. Esto estaría ligado a su “natural” atributo de la maternidad. No son creadoras, sino reproductoras. Un ejemplo de esto fue la educación artística para las mujeres que se hizo popular en Europa y Estados Unidos durante el siglo XIX. Cuando aparentemente se abrían espacios femeninos en el mundo del arte, su enseñanza fue entendida como instrucción para la reproducción casi automática, pues se les enseñaba a las mujeres a copiar de manera estética lo que ya estaba hecho. Sólo es cuestión de recordar esas escenas que son tan comunes de mujeres “aprendiendo arte” pintando cuadros con jarrones, paisajes o flores. O tocando el piano, pero siempre con las partituras por delante, sin intentos de crear o innovar.
En el fondo de esta discusión, Nochlin presentó la idea del “genio”. Para ella, a lo largo de la historia es el hombre blanco quien definió qué y cómo es ser “genio”. No sólo en la creación artística, sino también en el análisis de la misma. “El” historiador del arte es quien determinó qué es arte y qué no. Esbozó cronologías de grandes artistas que dejaron de lado una gran diversidad de manifestaciones. En ese sentido, sigue vigente cuestionar no sólo para como Nochlin lo hizo, sino en adelante para la interpretación del arte: ¿Qué relación tiene la “genialidad” con la construcción del género? ¿Qué tiene que ver con la apropiación del pensamiento? ¿Es (in)dependiente de ser hombre o de ser mujer?
Nochlin relacionó este atributo de genialidad con lo que llama un “aura mágica” que da origen a mitos. Para ella, fueron una especie de habilidades extraordinarias que por supuesto se revisten de masculinidad a lo largo de la historia. Por ejemplo, las maravillosas facultades que se cuentan de Picasso para entrar a tempranísima edad a la Academia de Arte de Barcelona. Casi como si fuera el único. A Nochlin se le ocurre preguntar sobre sus contemporáneos, que probablemente compartían edad y experiencias. Me permito citar a Linda Nochlin cuando ofrece una explicación bastante clara sobre por qué no ha habido “grandes mujeres artistas” y se refiere a la manera de hacer arte. La autora asevera que “la creación artística, tanto en términos de desarrollo del creador artístico como en la naturaleza y calidad de la obra de arte en sí, ocurren en una situación social, son elementos integrantes de esta estructura social y están mediados y determinados por instituciones sociales específicas y definidas, sean éstas academias de arte, sistemas de patrocinio, mitología de un creador divino, el artista como el hombre o proscrito social”. De manera que no podemos analizar al arte o sus procesos en un solo momento, ni como una producción solitaria o que conlleva una identidad de género. Es mucho más complejo y dice bastante sobre el ambiente en que se produjo, desde dónde y cómo lo vemos.
Otro asunto sería hablar del plagio artístico, sobre todo el que sufrieron algunas mujeres creadoras, incluso a sus mismas parejas sentimentales y/o familiares. No lo señala Nochlin, pero uno de los casos más recientes es de la pintora Margaret Keane, artista que pintaba cuadros con personas cuyos ojos eran enormes y de apariencia triste. Walter Keane, quien fue su esposo de 1955 a 1965, se apropió de esas obras y las vendía como suyas. Se hizo famoso y ganó mucho dinero. Se aprovechó de la situación de Margaret, quien ya tenía una hija y dependía de Walter. Sin embargo, se separaron a los diez años de casados y hasta la década de 1980 ella pudo declarar la verdad. Incluso le ganó un juicio en el que lo retaba a pintar, obviando la impotencia del retado. Así demostró que ella era la creadora. Este fue un caso muy reciente, pero ejemplifica el asunto de la genialidad y su atribución al varón. Lo relaciona con su proveeduría familiar y la superioridad que Walter ejercía sobre Margaret, quien en realidad trabajaba y sostenía la economía en su cotidianidad. Tal vez el arte sólo nos pone de manifiesto lo que en la realidad social acontece a diario. La supuesta supremacía varonil que se establece casi sin cuestionamientos. Aunque en el fondo, sean muchas las mujeres las que sostienen de muchas maneras la vida en general.
Personalmente encuentro muy lamentable tener que hablar de mujeres que acaban de morir. Con el fallecimiento de Linda Nochlin viene la tristeza de una pérdida irreparable. Les invito a leer su artículo completo (dando clic al enlace encontrarán el libro compilado por Karen Cordero e Inda Sáenz que contiene el artículo de Linda Nochlin en español), que da cuenta de muchos más temas en la historia del arte, como los programas académicos, la visión e interpretación de los desnudos, los casos documentados de mujeres artistas en distintas épocas y más. Una de las formas de seguir homenajeando a una académica es leerla, comentarla y recordarla. Siguiendo sus mismos postulados; cuestionando los conceptos, historiando el arte, visibilizando y dándoles nombres a las artistas, el presente es un pequeño pero sincero homenaje.


Hilda Monraz.
@_biographer

PlasmArte Ideas, noviembre, 2017.
Twitter: @plasmarteideas



COCTEL DE LETRAS es coordinada por Inés M. Michel. 
[*Egresada del Instituto de Ciencias, generación 100, (100cias100pre). 
Las letras me han salvado de los hombres grises en innumerables ocasiones. 
Fiel lectora de Ende y de un sinfín de historias fantásticas y de terror. 
Casiopea es mi guía y confidente.]

Contacto: inesm.michel@gmail.com











martes, 26 de septiembre de 2017

COCTEL DE LETRAS | Herstorian: ¿Lo personal es político?

[Sección coordinada por Inés M. Michel*]








[Colaboración de Hilda Monraz]




Algunas generalidades para recordar a Kate Millet




El día 6 de septiembre de 2017 murió Kate Millet. Yo iba en el camión cuando leí la noticia. Fue muy triste saberlo. Mis ojos se llenaron de lágrimas y no pude contenerlas. Una de las mujeres que más me había enseñado sobre feminismo ya no existía en este mundo. Nunca la vi en persona y me hubiese encantado entrevistarla, pero así es la vida. Lamento su muerte no sólo por haber sido prolífica en términos académicos y artísticos, sino también por su maravillosa elocuencia y rebeldía inspiradora. Las mujeres que se atreven a desafiar los cánones establecidos sobre el comportamiento femenino y las consecuentes opresiones, suelen ser estrellas que iluminan el sendero de las demás. Creo sinceramente que Millet brilló para muchas más mujeres, en distintas latitudes. Estoy segura de que lo seguirá haciendo, aún después de su muerte.

La primera vez que leí sobre Kate Millet lo hice con la intención de aprender sobre arte feminista. Mi acercamiento en primer lugar hacia ella fue académico, y pensé que tendría ciertos límites. No sabía lo mucho que iba a cambiar mi opinión, mi perspectiva, mi forma de ver al feminismo. Y sobre todo, mi vida. Durante algún tiempo se le atribuyó la frase “lo personal es político”: un lema paradigmático de la llamada “segunda ola” del feminismo, encabezada por mujeres estadounidenses, como ella. Lo cierto es que esa expresión se usó como consigna política desde antes que Millet la publicara en su libro Sexual Politics en 1970, producto de su tesis defendida en 1969. En dicha obra, Millet cuestionó el sistema social en el que veía la opresión de las mujeres. A esto lo llamó patriarcado y dijo que se apoyaba en dos principios fundamentales: que el macho ha de dominar a la hembra y también al macho más joven. Asimismo, afirmó que el patriarcado es una institución muy arraigada en las sociedades, pero también reconoció que hay variaciones sociales dependiendo del contexto histórico y geográfico. Es decir, su postura fue abierta y controvertida, en términos de las interrogantes constantes y enriquecedoras.


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Kate Millet. Tomada de: am.com.mx


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La frase “lo personal es político” se siguió utilizando después de la revolución sexual de los años sesenta y setenta del siglo pasado, incluso hasta nuestros días. Era un eslogan que se podía leer en distintos carteles de marchas de los movimientos de mujeres en Estados Unidos, después en México y en otros países de América Latina, además de Europa. A partir de esas reflexiones personales muchos grupos de mujeres se articularon para hacer críticas a los sistemas económicos, sociales, culturales e históricos que las oprimían de diversas maneras. Hoy sigue sirviendo para repensar el entorno social y para analizar las distintas implicaciones culturales del género y el sexo. La muerte de Millet sólo afianza este lema como uno de los legendarios en distintos movimientos feministas. No fue ella la autora, pero sí una de las lo representó en su propio cuerpo y en su propio actuar.  

Una vez escuché a Kate Millet en una entrevista videograbada. En ella, decía que creía que ella había sido feminista toda la vida. Se dio cuenta y pensó que era espléndido, porque entonces había tenido ese pensamiento feminista siempre. ¿A cuántas les –nos- pasó así? Por lo pronto, acepto que algo similar pasó en mi persona. Hasta que conocí la historia de mujeres, en la facultad, y después ahondé en el estudio de la historia con perspectiva de género, me di cuenta que yo era feminista. Que siempre lo había sido, a mi manera y con altibajos. Como muchas y como en todos los movimientos sociales e ideologías históricas, posicionamientos filosóficos y demás. Una de las grandes enseñanzas que me dejó Millet a través de su vida y obras es que cada quien vive su feminismo dependiendo de su contexto, sus necesidades y sus intenciones. Incluso de sus pasiones. Ella no sólo fue escritora y activista dentro de lo que llaman feminismo radical de los setenta del siglo XX. También fue artista y conjugó sus consignas con la performatividad de sus obras artísticas. Vivió en distintos lugares, como Japón, donde dio clases de inglés y trabajó en algunas esculturas que posteriormente expuso en Estados Unidos en la década de 1970. Kate Millet encarnó el posicionamiento de las artistas feministas de la segunda ola: utilizar el pincel, la brocha, la talla, las estatuas, las creaciones artísticas como lienzo para criticar al sistema patriarcal y como una forma de visibilizar la opresión de las mujeres en el mismo. Porque no sólo era el recuento de los daños a partir del arte, sino también reconocer que a las mujeres artistas se les había invisibilizado sistemáticamente de la historia.


Para el día de hoy, con esta ola de feminicidios que nos azota de manera atroz, me permito repensar a Kate Millet como crítica del patriarcado, del amor romántico y de la sumisión femenina. Sus análisis exhaustivos, pero también sus incidencias políticas y su vida en general compaginada con el arte, posibilitan la conjunción del activismo con la academia y con la vida artística. ¿Hemos olvidado que se puede pensar-actuar y construir-deconstruir nuestro devenir feminista? ¿Edificamos límites que nos definen? ¿Nos definimos, por qué? Lo cierto es que heredamos un legado que Millet nos permitió anclar en la vida cotidiana. Lo personal no sólo fue político, sino también artístico, cultural, sexual, rebelde, radical y feminista. Lo personal trasciende muros. Como mujer feminista asumo que esa herencia debe ser retransmitida y contextualizada en cada espacio necesario. Me comprometo para llevar esa rebeldía artística a más mujeres en aras de un pensamiento más libre, más inclusivo y, sobre todo, crítico al patriarcado. Si es haciendo historia, desde esa trinchera será. 


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Hilda Monraz.

[Me asumo como feminista activista desde la academia. Respeto profundamente la diversidad en los feminismos. Nací en Guadalajara y soy de la Ciudad de México, a veces también de Tequila, Jalisco. Estudié historia, me deformé en Estudios de Género y actualmente estudio el doctorado. Me dedico a la historia de mujeres, historia de género, historia de los feminismos en México y Estados Unidos, el arte feminista y recientemente a la biografía feminista. Me interesa también la historia de la educación y el cuerpo como construcción histórica. Soy terca y muy intensa].











PlasmArte Ideas, septiembre, 2017.
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jueves, 24 de agosto de 2017

ENSALADA FREAK | Los últimos maestros de la ciencia ficción

[Sección coordinada por David A. Becerra*]











Brian W. Aldiss

El pasado sábado 19 de agosto murió el escritor inglés de ciencia ficción Brian W. Aldiss, un día después de festejar su cumpleaños número 92; personajes de la talla de Neil Gaiman o Adam Roberts, mostraron su respeto al fallecido autor. 



Aldiss, escribió y editó más de cien libros, novelas cortas y cuentos de ciencia ficción, no-ficción y poesía a lo largo de su extensa carrera que comenzó en los años 50.  Textos como La nave estelar (1958), Invernáculo (1962), Los oscuros años luz (1964) o la serie Heliconia (1982), por mencionar algunos, le ganaron fama y reconocimiento dentro del mundo de la sci-fi, además de obtener los prestigiados premios Hugo y Nébula en los años 60. 

Aunado a esto, quiero destacar que tres de sus trabajos fueron llevados a la pantalla grande.

En 1973 escribió Frankenstein Unbound (Frankenstein desencadenado), que fue llevado a guion cinematográfico y convertido en una película en 1990.  El  mítico director de cine Roger Corman participó en el desarrollo del guion, en la producción y en la dirección, Frankenstein Unbound también conocida como  Frankenstein perdido en el tiempo, nos sitúa en el año 2031, en donde se ha desarrollado una superarma capaz de destruir ejércitos completos por medio de la creación de microagujeros negros que se tragan todo a su paso, el problema es que este artefacto, como efecto secundario, provoca anomalías espacio-temporales que amenazan con destruir la realidad. Joe Buchanan, científico creador de esta arma es accidentalmente atrapado por estas anomalías que lo transportan hacia el siglo XIX, donde conoce al Dr. Victor von Frankenstein y a su terrible monstruo deforme. 



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La cinta se asemeja más a una producción televisiva o serie de ciencia ficción como Galáctica o algún especial de The Twilight Zone, pero cuenta con la participación de actores muy reconocidos como John Hurt (1940 – 2017), Raúl Juliá (1940 – 1992) o Bridget Fonda (1964).

Aquí la pueden ver completa:




En 2005 aparece Brothers of the Head, también basada en otro libro de Brian W. Aldiss, dirigida por Keith Fulton y Louis Pepe que le dan un toque de falso documental. Trata sobre una banda de música punk en los años 70 formada por dos hermanos siameses, que poco a poco va ascendiendo hacia el éxito. 

Por último, la adaptación más famosa, hasta el momento, de un libro de Aldiss, A.I. Artificial Intelligence (Inteligencia artificial), basada en un relato llamado Los superjuguetes duran todo el verano, publicado por primera vez en 1969.  A.I. Artificial Intelligence tiene una larga historia que comienza con el interés del maestro del cine, Stanley Kubrick, para desarrollar un guion y posteriormente dirigir una película con base en la historia del autor. 

El desarrollo del guion comenzó a principios de los años 80, contando con la participación del escritor, tiempo después Kubrick despediría a Aldiss por diferencias creativas. Durante los 90 y ya sin interés en dirigir el proyecto, Kubrick le pide a Steven Spielberg que ocupe la silla del director mientras él pasaba a la parte de producción. Con el fallecimiento de Kubrick en 1999, la película empezó a tener un halo de misterio para los cinéfilos del mundo, por ver la combinación en un mismo filme del trabajo de dos directores tan renombrados como Spielberg y Kubrick. 

En 2001, despues de casi dos décadas de trabajo, se presentó A.I. Artificial Intelligence en las salas de todo el mundo, recibiendo innumerables críticas favorables y recaudando en taquilla más de 250 millones de dólares alrededor del globo, además de recibir dos premios Oscar a Mejor banda sonora (John Williams) y Mejores efectos visuales (Dennis Muren, Scott Farrar y Michael Lantieri). 

Resumida como “una historia de Pinocho en el futuro” nos lleva a un futuro afectado por los cambios climáticos, donde la tecnología robótica ha conseguido desarrollar un prototipo de robot, casi idéntico a un ser humano. David es este prototipo, que semeja a un niño de unos 11 años de edad, a quien le es asignado una pareja de esposos para que conviva con ellos. La historia es una triste aventura de este niño robot en una sociedad caótica, en busca de ser perfecto para su amada madre humana. Cuenta con las actuaciones principales del (en ese momento) joven actor Haley Joel Osment, quien fue muy famoso a principios del 2000, y recordado por filmes como The Sixth Sense, o Pay It Forward (Cadena de favores), también participan Jude Law y Frances O'Connor.



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Tal vez en futuras fechas podamos tener la oportunidad de ver más trabajos de Brian W. Aldiss en el cine, por el momento, disfrutemos de estas tres películas y busquemos más de su literatura. Q.E.P.D. Brian W. Aldiss, uno de los últimos maestros de la ciencia ficción.


David A. Becerra
PlasmArte Ideas, agosto, 2017
Twitter: @plasmarteideas
  

Ensalada Freak es coordinada por David A. Becerra
[*Cocinero de primera, perdón de primer año, 
experto en revolver cosas sin un orden específico, 
se me encargó la elaboración de ensaladas y otros platillos. 
Tengo la intención de escribir varios libros,
 de cursar varios diplomados, algunas maestrías y un par de doctorados, 
 hablo más o menos español, y lo escribo al 50%;  
soy el fundador y único miembro de mi propio club de Star Wars.]

Contacto: davidalfonsobecerra@gmail.com