martes, 15 de enero de 2019

AL FILO DEL CAFÉ | Un comentario a Los indígenas permitidos


Sección coordinada por J. Ignacio Mancilla [1]*



¿Se puede adoptar una postura crítica ante la Cuarta Transformación propuesta por Andrés Manuel López Obrador? 

Lo anterior sin caer en posturas conservadoras ni tampoco aceptar ciegamente el discurso radical del EZLN. Retomando una publicación del periódico La Jornada, autoría de Fortino Domínguez Rueda, J. Ignacio Mancilla hace algunas mediaciones entre la postura del artículo y lo que implica repensar a las comunidades originarias desde una perspectiva "no blanca" y, por otra parte, sin caer en la descalificación rotunda que ha hecho el Ejército Zapatista de Liberación Nacional hacia el gobierno de Andrés Manuel. ¿Existe un equilibrio? Y, ¿qué sucede con nosotros/as, mestizos, pertenecientes a la cultura mexicana?

Compartimos el siguiente planteamiento debido a la coyuntura social y política que representa el cambio de régimen en la democracia mexicana, que apenas comienza a vislumbrarse como una verdadera democracia. 

Inés M. Michel.


En primer lugar quiero felicitar a Fortino por su análisis (publicado el pasado 6 de enero por La Jornada) que hace de la compleja situación indígena del país, con el que nos invita, en serio, a pensar críticamente la tan mentada cuarta transformación, que hasta ahora, más allá o más acá de los hechos, mucho tiene de slogan publicitario e ideológico; pues hasta el momento no queda claro cuál es el contenido conceptual de dicha propuesta por parte del gobierno de Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

Y para adentrarme en este comentario, le pregunto a Fortino e interpelo a todas y todos los posibles lectores: ¿Y qué con los 30 millones de votantes que apostaron por el actual gobierno? ¿Qué con la república mestiza, de la que muchas y muchos formamos parte? ¿Qué con el claro rechazo a la violencia como instrumento de transformación del país que significaron las pasadas elecciones? ¿Qué con los agresivos y groseros calificativos que usa el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en contra de Andrés Manuel?

Sé que el espacio es una gran limitante para este tipo de reflexión, sobre todo cuando se publica en un medio periodístico, pero sobre esto Fortino no dice nada. Cosa que no le quita valor a su indagación, pero sí lo hace pecar de (cierta) parcialidad; poniéndose de un lado, que es el suyo, se entiende: el de la causa indígena.

Pero, ¿y las y los millones de mestizas y mestizos que también formamos parte de México?

Intentaré, con las limitantes del espacio que asumo de entrada, dar mi punto de vista al respecto; para lo que haré un poco de historia sobre mis relaciones con la causa zapatista.

Fui coordinador por más de un año de un Campamento de paz (el de La Garrucha, allá por 1995-1996), ello con todo el apoyo de Carlota Botey y Estapé (1943-2011). Fue una experiencia sumamente aleccionadora, en muchos sentidos. Desde entonces pude percatarme de las diferencias entre el EZLN y el PRD, pues no pocas de las presidencias municipales de Chiapas del partido del sol azteca se portaban, en ese entonces, peor que los priístas.

Este desencuentro lo documenta bastante bien José Gil Olmos, en su reciente reportaje sobre las relaciones entre Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y el sub antes Marcos y ahora Galeano, publicado por Proceso (Número 2201).

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Subcomandante Galeano (Foto: Getty Images).

Bien, por el momento que con esto baste, para decir que no podemos seguir, como país, en la lógica de la confrontación o de la exclusión. Que no se trata de apostar o por el México imaginario o por el México profundo, pues no se excluyen, sino que se trata del México real, en el que confluyen tanto el imaginario como el profundo; que ahí está en juego una dialéctica muy peculiar de nuestra historia.

Y en ese México real vivimos y convivimos “indios”, “mestizos”, “blancos” y “negros”; todas y todos diferentes y que tenemos que moldear, es una tarea común, una república mexicana donde el racismo y la discriminación no tengan ya cabida. Tampoco la desigualdad económica y social.

Este cometido no será nada fácil, no cabe duda, pero ése es el reto; que en la diversidad construyamos una casa común, a partir de las diferencias culturales y de concepciones políticas, o el riesgo es la balcanización de México, cosa que a nadie nos conviene y con la que todo México perdería, como nación.

Desde esta perspectiva, la cuarta transformación, que  no puede ser asumida como mero slogan publicitario o un simple decreto gubernamental es, quizá, el más grande desafío que tendremos las y los mexicanos de este tiempo.

Pero tenemos que dejar atrás muchos de nuestros atavismos, para empezar a discutir, política e ideológicamente, qué proyectos son los más convenientes en esta hora del mundo. Es desde esta lógica que tenemos que vislumbrar el tren Maya y también la Guardia nacional; desde la óptica de ese México real, necesariamente múltiple, por lo que no podemos dogmatizar ninguna de sus partes y ninguno de los proyectos políticos. Ni siquiera, claro está, el del gobierno de AMLO, por más que haya sido respaldado por los votantes.

Lo que tenemos que hacer es conjuntar, a partir de las diferencias, insisto, las visiones distintas que están detrás de lo que, por ejemplo, el EZLN se plantea y lo que el gobierno de AMLO proyecta, sin que los diferendos devenga en confrontaciones armadas o militares. Confrontaciones en las que es lo imaginario, en el sentido lacaniano (el de la agresividad; que consiste en la falsa lógica de ellos o nosotros), las que siempre llevan la batuta.

 ¿Es difícil el cometido? ¡Vaya que sí!

Sobre todo por el contexto no solamente nacional sino el internacional, también, en el que se dan estos enfrentamientos; contextos en los que el que fascismo está de regreso. En México y en el mundo.

Pero,  ¿acaso el fascismo se fue alguna vez?

Donald Trump por el norte y Jair Bolsonaro por el sur, son claras advertencias de la geopolítica en la que las y los mexicanos tenemos que aprender a dirimir nuestros diferendos, sin que nuestro proyecto de un México fuerte y múltiple, a la vez, se debilite y se convierta en el de un solo México (imaginario o profundo, ahora uso imaginario en el sentido de Bonfil Batalla); pues el riesgo es que lo perdamos, ello si nos entercamos en que gane solamente uno de esos Méxicos, el que sea.

Nuestra apuesta tienes que ser, pues, por el México real. El México pluricultural y multiétnico.

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Tomada de: La Prensa.


El de las y los indígenas, pero también el de las y los mestizos; pero no sin el de las y los negros y el de las y los blancos. En fin, el México de todas y todos los mexicanos.

Ningún México tiene que estar por encima del otro, por legítimas que hayan sido o sean sus luchas. Desde esta perspectiva, todos los Méxicos tienen tras de sí una profunda historia, que tenemos que rescatar e impulsar hacia adelante, hacia el futuro.

Es un asunto de memoria, mejor dicho de memorias históricas.

De lograrlo, la cuarta transformación será algo más que un mero slogan publicitario y algo más que solamente un decreto oficial y gubernamental, pues se instalará, en nuestra historia real, como un acontecimiento con el que México devendrá otro.

¿Seremos capaces, todas y todos, de enfrentar ese nuestro verdadero reto?

O, ¿seguiremos perpetuando la política del “enemigo identificado”, paradigma de la democracia moderna (Carl Schmitt) sin poder pasar a una democracia otra, la de los hermanos (mexicanos) como sostiene bellamente Jacques Derrida en ese extraordinario libro en el que se cuestiona, radicalmente, es preciso decirlo, el paradigma de la democracia moderna o burguesa: Políticas de la amistad (Editorial Trotta, 1994)?

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Guadalajara Jalisco, a 8 de enero de 2019 (Fecha original).    


J. Ignacio Mancilla.
PlasmArte Ideas, enero, 2019.
Twitter: @plasmarteideas
Instagram: @plasmarteideas
  
Al Filo del Café es coordinada por J. Ignacio Mancilla*.

[Ateo, lector apasionado, 
militante de izquierda (casi solitario).
Lacaniano por convicción
y miembro activo de Intempestivas,
Revista de Filosofía y Cultura.]

Contacto: ig.man56@gmail.com
















[1] Profesor de asignatura del Departamento de Filosofía del Centro Universitario de Ciencias Sociales y de Humanidades (CUCSH) de la Universidad de Guadalajara.

martes, 8 de enero de 2019

COCTEL DE LETRAS | Herstorian: Recuento del 2018 feminista

Sección coordinada por Inés M. Michel*



Colaboración de Hilda Monraz

El año 2018 estuvo lleno de altibajos para las luchas feministas. Aunque hubo un par de logros importantes a nivel nacional e internacional, lo cierto es que aún vivimos en un contexto de extrema violencia, especialmente contra las mujeres. Al menos quedó claro que la lucha que une a varias facciones feministas (por muy diversas e incluso opuestas que sean), es por la vida de las mujeres. El alza en los feminicidios es espeluznante, por decir lo menos. Sólo la última semana de diciembre de 2018 asesinaron a 7 mujeres en Guadalajara, y son de las que llevamos recuento, sin saber cuántas más mueren sin que sepamos de ellas. El 1 de enero de 2019 ocurrió el primer feminicidio del que se tuvo noticia este año: una niña de 9 años en el Estado de México fue violada y asesinada en la noche del 31 de diciembre para amanecer año nuevo. Además, México presenta una de las cifras más elevadas en feminicidios a nivel internacional, donde la mayoría de los delitos quedan impunes. El escenario es de terror.
En el debate sobre el aborto, si bien algunas posturas feministas argumentan que no debemos buscar su legalización, porque “perpetúa la opresión sexual heteronormada de los hombres sobre las mujeres” (estoy parafraseando), en general casi todas estamos de acuerdo con su despenalización. En un contexto como el violento mexicano, no podemos sino luchar por la vida de las mujeres que quieren abortar por cualquier razón que ellas tengan. El principal objetivo sería, en términos jurídicos, filosóficos y sociales, el derecho a la libre elección sobre el propio cuerpo y entra en un espectro de justicia social. Por ello, vivimos con regocijo cómo pasó aprobado el proyecto de la despenalización del aborto en Argentina, pero sufrimos cuando el “no” del Senado acabó con las ilusiones que albergábamos.


Marcha por la despenalización del aborto en Buenos Aires, Argentina, 2018
(Foto: AP).

Las marchas en México, las constantes pugnas feministas, las negociaciones que se han hecho con distintos agentes políticos, apuntan a un debate muy intenso que continuará en 2019. En Aguascalientes, gracias a la presión de las activistas, se logró que no pasara una reforma constitucional por parte del PAN que mencionaba “la vida desde la concepción”. El 27 de diciembre ocurrió la votación y apenas le faltó un voto para ser aprobada, pero fue suficiente para desecharla y mandarla al archivo del Congreso. Sabemos que la voluntad política es necesaria tanto para presentar proyectos (aunque no los hayan redactado ellos) como para darles continuidad y llevarlos al éxito. Pero también la experiencia nos ha demostrado que es en las calles donde se han gestado los cambios más importantes a nivel social y cultural.
Por mencionar un ejemplo de esta complejidad político-social e incluso religiosa, en Irlanda la respuesta de un referéndum rompió con todos los prejuicios sobre su contexto y dio paso a la legalización. Cerramos un 2018 con la despenalización del aborto en un país católico, que no quiere decir que también sea conservador, o ya no más. Según las encuestas, el único grupo que votó por el “no” a la despenalización fueron los mayores de 65 años, lo que nos deja pensando sobre algunas ideas generacionales y cambios en ese mismo aspecto. La ola del ultraconservadurismo que nos azotó este año parece que no es invencible.

Activistas celebran la victoria del "sí" en el histórico referéndum sobre la despenalización del aborto, Irlanda, 2018 (Foto: Reuters).

En aras de lograrlo en México, a nivel nacional, surgen muchas preguntas. ¿Cuál es la vía correcta y oportuna para que la despenalización del aborto sea una realidad en todo el país? Porque, si se trata de discusiones en congresos y parlamentos, hemos aprendido que no siempre atracan en buen puerto. Aunque también la lucha desde abajo ha tenido sus desavenencias y finales infelices. La conjunción de voluntades políticas, de todos los niveles y las luchas sociales desde lo rural y lo urbano, podría ser la respuesta que nos dé más claridad. Luego, entonces, surgen más dudas: ¿cómo hacer para ponernos de acuerdo desde distintos escenarios y con tantas diferencias de larga duración y de coyunturas históricas? Una de las grandes riquezas del feminismo es su diversidad. Las diferentes perspectivas nutren las discusiones y permiten cuestionamientos muy profundos que casi ningún movimiento social, rigor académico, postura política -y demás- tiene. Sin embargo, la lucha por la vida de las mujeres y los objetivos más generales -pero también más básicos para sobrevivir- tal vez podría ayudarnos a pensar en negociaciones y adaptaciones para seguir vivas, ser libres y decidir sobre nuestros propios cuerpos. Parecieran consignas de hace varias décadas, pero es que aún no lo hemos logrado.   





Hilda Monraz.
@_biographer
PlasmArte Ideas, enero, 2019.
Twitter: @plasmarteideas
Instagram: @plasmarteideas




*COCTEL DE LETRAS es coordinada por Inés M. Michel. 
[Las letras le han salvado de los hombres grises en innumerables ocasiones. 
Fiel lectora de Ende y de un sinfín de historias fantásticas y de terror. 
Casiopea es su guía y confidente.]

Contacto: inesm.michel@gmail.com











lunes, 31 de diciembre de 2018

Entelequia Musical | Técnicas musicales


Colaboración de Natalia Ulloa





“En la música está el instante que hoy emerge aislado,
Sin antes ni después, contra el olvido
Y que tiene el sabor de lo perdido,
De lo perdido y lo recuperado.
 (...) el hombre dura menos que la liviana melodía, que solo es tiempo
Y los años desafían esa atareada diablura.”

J. L. Borges/ El tango.





La música, como el arte, en su vaivén histórico, se ha postulado como aquella que provoca desde su inmediatez, que choca con el otro, le mueve en su continuo aparecer. Cuando escuchamos a Rubinstein tocando Chopin o a Dudamel en Dvorak tenemos sensaciones e impactos que nos marcan para las próximas interpretaciones que escuchamos. Decimos que el intérprete dialoga con el compositor en la música y a nosotros, escuchas en distancia, nos concierne la marca dejada.

Decimos, también, que escuchar a un latino tocar música latinoamericana es más lógico, que un cubano seguro sabe bailar salsa, que un europeo tiene mayor facilidad para tocar la música “consagrada”. Encontramos, claro, sus muy gratas insiciones, como el caso de Barenboim interpretando Beethoven.

Sin embargo, este discurso lo asumimos de facto, como si el hecho de nacer de un lado determinara la forma de interpretarnos con la música. Influye considerablemente el punto en el que el músico se desenvuelve y forja el lente con el que mira la música. Influye también el cómo se aborda la visión musical de otra música desde donde el músico se encuentra, pero, ¿por qué de verlo se discierne qué tan bien interpreta o toca?, ¿qué del cuerpo hace que la música fluya?

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Gustavo Dudamel.

En la música y en su hecho no podemos decir ni comprender todo. Al no poder hace referencia a la distancia temporal que existe entre la obra y la persona, los prejuicios se juegan siempre que tocamos algo. Los prejuicios conforman nuestro estar en el mundo, están yectados en el suelo por el que andamos y se vislumbran por la manera en que hablamos, los ademanes que expresamos, la postura en la que nos sentamos al tocar e incluso la técnica que utilicemos en el instrumento. Aunque de técnicas y posturas existan escuelas determinadas (alemana, francesa, italiana), al ser tematizadas dentro de otro espacio se transforman a las necesidades de las personas que lo abordan. Ello de una forma, desgraciadamente, no consciente.

Es decir, tocar, así como decir algo, es un fragmento de un diálogo histórico mucho más amplio que eso que creemos que tocamos. Tocar es abrir la posibilidad de preguntar-nos. Es abrir el desenvolvimiento en el hecho musical del cómo dialogamos con la música desde nuestro lugar. Ese diálogo lleva consigo el entorno cultural en el que nos forjamos y, a partir de eso, de reconocer la distancia y preguntarse por el propio sitio, comprendemos el cómo de nosotros y atendemos de otra forma la música que tocamos.

Este diálogo musical es un diálogo corporal también; podemos hablar del cuerpo porque el cuerpo participa en esta socialización del lenguaje. Sin embargo, al atender a la música y al músico se evade esta vertiente, pues parece que el cuerpo es una imposición visual que “limita” la interpretación musical, el hecho, lo deforma.

Creo que esta forma de concebir al cuerpo y la música es poco sustentable, pues se aprende música desde el cuerpo, se necesitan las extremidades para tocar; asistir a un concierto es también mirar al que toca, es hacer del cuerpo un cuerpo musical y, así como se mencionó con anterioridad, la complexión-cultura-lente determina la interpretación que dé de lo otro, reconociendo la distancia temporal y territorial que hay de por medio, sin que ello sea el falo de distancia irreparable que no permita una comprensión satisfactoria.

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Fotograma de: The sound of noise
(dir. Ola Simonsson y Johannes Stjärne Nilsson, Suecia/Francia, 2010).


Fotograma de: The sound of noise
(dir. Ola Simonsson y Johannes Stjärne Nilsson, Suecia/Francia, 2010).

Si se revisa el cuerpo desde su culturización, se atienden los prejuicios interpretativos. Al aprender a tocar se inculcan las tres escuelas principales de música: alemana, francesa e italiana. Sin embargo, al entrar en México se convierte en una tarea en extremo difícil para ejecutar el instrumento con una magnitud “parecida”. Muchas veces los docentes se limitan a decir que la clavícula está muy chica para el violín, que el cuello es muy corto, que los brazos son muy largos para la flauta y que mejor hay que dedicarse a otra cosa. Llevar una escuela a otro territorio trae también la postura con la que se toca, la forma de abordar la técnica desde la complexión del músico y he aquí el problema: para un alemán que mide aproximadamente 2 mts. y tiene brazos considerablemente largos, el tocar le genera una experiencia radicalmente distinta a un costarricense que tiene brazos más cortos y mide 1.65. Esto no quiere decir que nunca pueda tocar con la técnica alemana, pero sí que es necesario asumir que el cuerpo viene dado en la enseñanza musical, que las adecuaciones son necesarias porque no se puede suprimir la distancia. Que hay que reconocer el propio punto con sus prejuicios para poder comprender lo otro. El cuerpo es la identificación oficial inmediata: identificación que no solo carga rasgos externos, sino la simbología cultural.

Personajes como Dudamel o Rubenstein hacen que parezca que las frases: “el latino sabe que le da más sabor a la música latinoamericana, o el europeo a la europea” se refuercen, pero no. Porque Dudamel también puede tocar música europea. ¿Por qué? Porque reconoció la distancia y se apropió de ella.

La historia del instrumento que se elige también acentúa al cuerpo. Quienes tocaban el violoncello eran mujeres en su generalidad, pues las curvas del instrumento acentuaban la feminidad de la mujer, pero no lo volvían descarado, pues el instrumento servía como extensión del cuerpo que lo cubría, pero a la vez lo interpretaba. El violín lo tocaban en su generalidad hombres, pues remarca una postura de masculinidad y deja expuesto el cuerpo prominente para la comunicación. Se forjaban dichos parámetros al ser creados los instrumentos por encargo del rey, la burguesía o la aristocracia; era una forma de hacer gala de sus atributos: “los del alma y los del cuerpo”. Con el tiempo, estas determinaciones instrumentales se han intentado erradicar, al ser tocados dichos instrumentos tanto por hombres como mujeres, y la distancia corporal se intensificó al hacer del negro el color predilecto de los músicos. Más allá de ser una construcción que denota estatus social, también es una forma de suprimir el cuerpo en pro del instrumento, con la idea clásica de que “la música trasciende el cuerpo para llegar al alma”. El negro hace que la gente al mirar al músico no se fije en su corporeidad, sino en el instrumento que reluce para concentrarse más. Cuando el músico es atrilista, además de portar negro, tiene un atril que recubre toda la parte de su cuerpo, para imponer esa supresión. Esto con fines utilitarios, pero también con las intenciones mencionadas con anterioridad. Cuestión curiosa con los cantantes, quienes no tienen atril, ni necesariamente usan el cuerpo: ellos representan el cuerpo musical. Los tocados por la mirada general.

Dizzy Gillespie.

Al presentarse un cantante en escena tiene que hacer de su cuerpo el escenario que vislumbre sobre lo que toca: teatraliza la música y sus personajes son cuerpo y voz. Si, por ejemplo, ha de cantar un aria de María llorando la muerte de Cristo en La Pasión, según San Mateo de Bach, lo hará con el atuendo, la postura y los gestos adecuados. Sería extraño verla de rojo vivo, con el cabello alborotado y la sonrisa plena, pues estaría descontextualizando el discurso. Para el cantante el acercamiento con el cuerpo es más natural porque se guía como medio por un lenguaje hablado, que necesita de una situación y un contexto. Para el músico instrumentista su reconocimiento llega cuando el director decide que debe ser levantado para ser tocado por miradas y aplausos.

Solo así se hace ver.

El cuerpo como música necesita del diálogo y la alteridad para poder-se interpretar.

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Natalia Ulloa.
nataliaulloa15@gmail.com
PlasmArte Ideas, diciembre, 2018.

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jueves, 27 de diciembre de 2018

ENSALADA FREAK | Una nueva víctima de las actualizaciones





Sección coordinada por David A. Becerra*

Popeye el marino

Celebramos los 90 años del personaje Popeye el marino, juego de palabras en inglés: Pop-eye, que significa “ojo saltón”, creación del dibujante Elzie Crisler Segar (1894 – 1938), y que ha tenido una larga historia en tiras cómicas (prensa), los cómics y la animación. 

Fue publicado por primera vez en 1929 en los periódicos de la agencia King Features Syndicate, propiedad del magnate William Randolph Hearst, famoso por ser el hombre que inspiró la película de Orson Welles Citizen Kane (1941). 

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Popeye cobro éxito a lo largo de los años 30, y fue llevado a la pantalla cinematográfica en 1933, de la mano de los estudios Fleischer, cuyos dueños eran Max Fleischer (productor) y Dave Fleischer (director), con el cortometraje: Popeye the Sailor, un corto de la serie de Betty Boop (también creación de los hermanos Fleischer). 

Después de la muerte de Segar, en 1938, otros dibujantes continuaron con su trabajo en las tiras cómicas; los cortos animados, por su parte, continuaron produciéndose por los estudios Fleischer, pero a partir de 1942, y hasta 1957, ya fueron propiedad de los Estudios Paramount. En los años 60 King Features Syndicate produjo episodios animados para televisión y desde 1978 hasta 1988 el famoso estudio de animación Hanna-Barbera Productions los desarrolló. En la actualidad, Popeye es uno de los personajes de caricatura más famosos y reconocidos del mundo.

Después de años de disfrutar de las retransmisiones en televisión de los diferentes estilos de animación que ha tenido el personaje, en este año se presenta, vía canal de Youtube, una nueva versión, con un estilo más moderno (lo que significa: el rediseño del personaje, de su historia y un pobre trabajo animado), llamada Popeye’s Island Adventures. 

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Se trata de una producción de 25 episodios presentados en internet que nos muestran la “actualización” de Popeye; un cambio muy evidente es el “rejuvenecimiento” del personaje, dejando de lado la imagen del hombre adulto y un poco acabado, por un joven con rubio cabello, limpio y pulcro; además, algo que se le ha criticado mucho, dejó su famosa pipa (que el general Douglas MacArthur copió en la Segunda Guerra Mundial) por un limpio y ecológico silbato. Este cambio se suma a los nuevos tiempos, donde lo políticamente correcto tiene más peso que las consideraciones artísticas y los conceptos e ideas de sus creadores originales. Series como Las Tortugas Ninja, Los Thundercats, She-ra Scooby-Doo, solo por mencionar algunas, han padecido de esta euforia y les advierto que una larga lista de otras series animadas esperan por su reactualización conceptual; ya veremos qué destrozos hacen con estos clásicos animados. 

Aquí el primer capítulo de Popeye’s Island Adventures. Ustedes opinen.

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David A. Becerra.
PlasmArte Ideas, diciembre, 2018.
Twitter: @plasmarteideas
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Ensalada Freak es coordinada por David A. Becerra.
[*Cocinero de primera, perdón de primer año, 
experto en revolver cosas sin un orden específico, 
se me encargó la elaboración de ensaladas y otros platillos. 
Tengo la intención de escribir varios libros,
 de cursar varios diplomados, algunas maestrías y un par de doctorados, 
 hablo más o menos español, y lo escribo al 50%;  
soy el fundador y único miembro de mi propio fanclub de Star Wars.]

Contacto: davidalfonsobecerra@gmail.com