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jueves, 17 de octubre de 2019

AL FILO DEL CAFÉ | El huésped más inquietante de la filosofía


Sección coordinada por J. Ignacio Mancilla*

Esta publicación apareció originalmente en Cuerdas Ígneas, un proyecto hermano de PlasmArte Ideas.

El pasado martes quince de octubre se cumplieron 175 años del nacimiento de Friedrich Nietzsche, uno de los tres grandes maestros de la sospecha (Paul Ricoeur); los otros dos son Karl Marx (1818-1883) y Sigmund Freud (1856-1939). Los tres, fundadores de los discursos más influyentes en la historia moderna
Filósofo todavía inquietante para nuestro tiempo, como pocos, que diagnostica el radical atorón nihilista de nuestra época, a la par que nos ofrece una salida, la del Übermensch (ultrahombre) pero, sobre todo, la de las “transvaloración de todos los valores”; que bien nos podría servir como centro de profundos cambios al depredador modelo de vida que predomina y nos consume.  

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¿Seremos capaces de desoír los llamados de Greta Thunberg y de todas y todos los jóvenes que se movilizan, junto con ella, contra nuestro paradigma y modelo de mundo, ya caduco? 
Para conmemorar su nacimiento voy a hacer una lectura de uno de sus primeros apuntes autobiográficos que leídos desde su obra tardía nos posibilitan una comprensión del espíritu de este caballero de la fe que hoy conocemos como el más radical ateo de la filosofía.
Va pues mi lectura de un momento muy preciso de la vida de Nietzsche; esto como un sincero homenaje para tan singular fecha en el calendario filosófico de nuestro tiempo. Espero que no pase desapercibido, como tantos otros, en nuestro Departamento de Filosofía. ¡Ay, la Universidad de Guadalajara, mi Universidad!
Bien. En La genealogía de la moral. Un ensayo polémico, escrito en 1887, el maestro de los aforismos arremete contra la falta de sentido histórico de los filósofos; ¡pero, 25 años antes!, en un pequeño texto de enormes consecuencias, Fatum e historia. Pensamientos (1862), nuestro filósofo homenajeado hila, de manera muy fina, muchas cuestiones muy complejas, entre ellas la de la interrelación entre las circunstancias externas y la subjetividad (voluntad) en el devenir de la historia.
Nada más más y nada menos.

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F. Nietzsche, 1861.
Aunque el texto es corto (apenas nueve páginas), afirma muchas cosas de una enorme relevancia, vistas incluso desde la perspectiva de nuestro tiempo. Me detendré solamente en algunas de ellas para que, de este modo, dimensionemos cómo la preocupación por la historia en Nietzsche la encontramos, ya, desde su juventud; esto al margen de que será en la madurez que alcance sus mejores formulaciones, respondiendo así, de manera tajante, a los moralistas ingleses tan escasos, según él, de sentido histórico.
Destacaré algunas preguntas -solamente 5- de entre las muchas cosas que escribe Nietzsche en este tan peculiar texto. Cuestiones que a los 157 años de haber sido escritas, todavía tienen un enorme sentido y relevancia.
Nietzsche se pregunta, interrogando así todo su tiempo (que de alguna manera sigue siendo el nuestro), en primer lugar lo siguiente:
“¿Qué es lo que determina la fortuna de nuestra vida?”.
E inmediatamente después, suelta una batería de cuatro enigmas que todavía hoy calan muy hondo en lo tocante a las determinaciones de la historia y sus relaciones con los actos de los sujetos individuales.
Las cuatro dudas, más que radicales, son las siguientes:
“¿Se la debemos a los acontecimientos, por cuyo remolino somos arrastrados? ¿O no es más bien nuestro temperamento el que matiza todos los acontecimientos? ¿No tropezamos con todas las cosas en el espejo de nuestra propia personalidad? ¿Y no dan los acontecimientos, por así decirlo, tan sólo en la tonalidad de nuestras vicisitudes, mientras que la intensidad o debilidad con las que éstas nos afectan dependen exclusivamente de nuestro temperamento?”. Nietzsche, Obras Completas (V. I, Escritos de juventud, Madrid, 2018, pp. 201-209).

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Como se ve, tan solo responder a estas cinco interpelaciones es algo sumamente difícil, ya no digamos dar cuenta de ese juvenil texto, que sigue resonándonos después de 157 años de haber sido escrito y que hoy conocemos gracias a la edición de las Obras Completas en español por Tecnos.
He aquí, pues, la grandeza del pensamiento de Nietzsche; que sigue siendo tan intempestivo como cuando fue formulado.
De modo que, y aquí pienso que esto es muy claro, la historia, en el sentido más radical, es uno de los hilos conductores de la filosofía nietzscheana. Cuestión que hace más que patente en La Genealogía de la moral… 
Y que si vinculamos dicho escrito a una de su cartas juveniles, despachada tres años antes de este magnífico texto y dirigida a Wilhelm Pinder, además de con la Segunda Consideración intempestiva (De la utilidad y los inconvenientes de la historia para la vida) nos sorprende por su claridad y radicalidad en cuanto a la comprensión que tiene de la historia.
El mundo de hoy, con todas sus turbulencias, nos hace que nos cuestionemos, junto con Nietzsche, sobre las complejas relaciones entre nuestra voluntad y carácter y las determinaciones externas a la hora de hablar de los acontecimientos históricos.
Por ello pregunto, ¿fue Nietzsche un teórico del acontecimiento?

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No tengo mucho espacio, pero al respecto me gustaría citar su obra más representativa, para ya ir cerrando este pequeño tributo al huésped todavía más inquietante de la filosofía.
En su obra de madurez, que es quizá su texto más bello, me refiero a Así habló Zaratustra. Un libro para todos y para nadie, (la versión que manejo es la de José Rafael Hernández Arias, Valdemar, Madrid, 2005) nuestro amado filósofo escribe, con relación al acontecimiento, lo que sigue:
“Las palabras más silenciosas son las que traen la tormenta. Pensamientos que caminan con pies de paloma dirigen el mundo” (La hora más silenciosa).
Esto como remate metafórico de su reflexión sobre el acontecimiento que desarrolla en el apartado que lleva por título, precisamente, De grandes acontecimientos; parágrafo en el que se ocupa del tema que ya le inquietaba desde joven.
No es una aventura sostener, como un servidor lo hace en este texto, que hay sutiles mediaciones entre estos formulaciones maduras y el texto juvenil que aquí estamos tomando como pre-texto para rendir un más que justificado y sincero homenaje a uno de los filósofos más influyentes de nuestro tiempo.
De modo que:
¡Feliz cumpleaños Her Professor!
¡Y que cumpla muchos más, pues su pensamiento seguirá siendo, por mucho tiempo más, sobre todo y sin duda, intempestivo!

Prost, Herr Professor!  


J. Ignacio Mancilla.
PlasmArte Ideas, octubre, 2019.
Twitter: @plasmarteideas
Instagram: @plasmarteideas
  
*Al Filo del Café es coordinada por J. Ignacio Mancilla.

*[Ateo, lector apasionado, 
militante de izquierda (casi solitario).
Lacaniano por convicción
y miembro activo de Intempestivas,
Revista de Filosofía y Cultura.]

Contacto: ig.man56@gmail.com









jueves, 14 de diciembre de 2017

MOUSSE MEDIA | Entelequia musical: El intérprete y los interpretados


[Sección coordinada por Víctor D. Magallón*]



                                    
                        
                                                   
                                                                  [Colaboración de Natalia Ulloa]





“…Eres el otro yo de que habla el griego
y acechas desde siempre. En la tersura
del agua incierta o del cristal que dura
me buscas y es inútil estar ciego.

El hecho de no verte y de saberte
te agrega horror, cosa de magia que osas
multiplicar la cifra de las cosas

que somos y que abarcan nuestra suerte.
Cuando esté muerto, copiarás a otro
y luego a otro, a otro, a otro, a otro…”



- J. L. Borges, El espejo.




La música se conforma de distintas formas de hacerse y hacer-nos en el camino; distintas formas de consagración hacia dos que parecen uno y que nos hace poder sentir al otro en nuestro andar musical. Una de estas formas más comunes es la relación del músico y el director de orquesta.

El músico dialoga, en la medida de lo posible, con su instrumento, a fin de encontrar el equilibrio entre el decir del compositor y su afección por tal, que le provoca un decir conjunto, es decir: de ambos. Cuando este participa en una orquesta se funde en las distintas interpretaciones de los demás participantes para decirse en conjunto, guiados en principio por un director de orquesta. Pero ello no siempre fue así. Para esto, al músico como tal le denominaremos de dos maneras: solista (refiriéndose a él con otro) y de orquesta (el conjunto de músicos junto a un director).

En los periodos del renacimiento - barroco la labor del músico solista era seguir fielmente la partitura para poder expresar al compositor de dicha obra, siendo mediadores del creador en vida o ya fallecido, dicho de otra forma, siendo ejecutantes. Sin embargo, cuando participaba en una orquesta pasaba a fundirse con los demás ejecutantes y a seguir a un guía: el director, quien era una especie de sustituto del compositor y quien les marcaba las indicaciones necesarias (como el tempo, el compás y algunas intenciones) para una correcta ejecución. Este tipo de orquesta generaba un “estilo”, una consolidación por parte de músicos y guía para darle un cierto decir a la pieza.

Fue hasta el romanticismo que la música dio un giro importante (empapado de las corrientes de pensamiento que explotaban en la época) pues el músico solista, necesitado de existir y ser “alguien” en el mundo, debía trascender esta condición de fiel para ser él quien también expresara su propia vida ante la obra del que interpretaba y así dejar una parte de su existencia con el otro. Es decir, no sólo el compositor dejaba ya un legado y un decir en la música que otros interpretarían, ahora el músico que interpreta también (se) afecta por la obra y por ende, causa una escucha distinta, así pasó de mero ejecutante a colocarse como intérprete.

Parecería que esta época le dio una individualidad al músico. En cierto modo sí, pues se conformaron a la par ensambles de cámara que permitieron a unos cuantos existir junto al compositor sin que este los volviese invisibles a favor de su música. Pero llegados a este punto consideraríamos entonces -muy arriesgadamente- que el director de orquesta ya había cumplido su función de mero guía/suplente del compositor, porque el músico también podía acceder a los conocimientos del mismo. Pero no fue así. ¿Qué ocurrió entonces con el director y cuál fue su función en torno al músico?

El director suplía al compositor, en cierta medida, generalmente cuando este fallecía, pues de otra manera era el mismo compositor quien daba las indicaciones. Entrados al romanticismo parecía que el ser un compositor muerto traía más reconocimiento y como consecuencia un legado más fuerte. Al morir los compositores y abrirle más paso al director, este último decide comenzar a tomar las riendas de la propia guía que le fue encomendada, él también es un ente, y como tal se expresa y le afecta la música, ahora es no sólo el guía, sino el conocedor de los conocedores y quien puede conducir a los músicos inquietos por decirse junto al compositor. Ya no solo se trata de un estilo, sino también una interpretación, pero ¿de quién?, del mismo director. En una orquesta es el director el intérprete, el que tiene un estilo propio para dirigir, el que por su conocimiento nos interpreta a nosotros, conjunto de decires que nos encomendamos a quien nos conoce mejor que nosotros mismos.

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Tomada de: orquesta-pablo-sarasate.com


Esta tradición se ha fortalecido con el paso del tiempo. Ya no sólo será la orquesta de Berlín, o de Viena, o de Polonia; ahora también es un Simon Rattle, un Karajan, o un Bernstein.

Ahora las portadas de los discos que contienen sinfonías u otro tipo de música orquestal no contienen necesariamente a la orquesta, pueden contener a un director titular alumbrado bajo la luz del genio, ya sea pensativo, ya sea en mediación con la batuta y la aparente música que se va a interpretar.

¿Y qué nos queda?

Fellini intentó en su película Ensayo de orquesta establecer una maqueta de una orquesta sin director, la conclusión: una representación de una guerra tan apasionada en cada músico por consagrarse como el guía por excelencia, fue imposible seguir haciendo música.

Considero, pues, que el director y el músico necesitan empatizar, dialogar. Ya no es El intérprete -y- los interpretados, ahora son ambos, en la misma comuna, en la misma desesperación, en esta misma pasión por decir lo que nos importa: la música misma.

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Natalia Ulloa.
nataliaulloa15@gmail.com

PlasmArte Ideas, diciembre, 2017.


FB: PlasmArte Ideas
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*Mousse Media, es coordinada por Víctor D. Magallón

[Gusta de realizar sesudos análisis en busca de la última temporada de 
Los Simpson que haya valido la pena.

Contacto: victor.dmagallon@gmail.com