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jueves, 10 de mayo de 2018

Entelequia musical: El leprosario musical


Colaboración de Natalia Ulloa



La música formal tiene en su estudio  una forma peculiar de verse a sí misma: es mejor callar para practicar. Callar el pensamiento para tener tiempo de desarrollar la capacidad muscular, la repetición, la lectura y afinación. Pareciera que el pensar una obra y a su compositor en el tiempo en que se desenvolvió fuera una pérdida de tiempo para la capacidad musical que se puede aprovechar para desarrollar, siendo que el pensamiento musical y praxis tienen el mismo lugar. “ Si quieres vivir, ponte a tocar”, he escuchado a los maestros repetir innumerables veces por los pasillos de este claustro musical. Y es que, para consagrarse en la ciudad como un músico formal hay que tocar y no pensar, hay que habitar el lugar de la academia musical. Este panorama lo devoran centenas de músicos aspirantes por un papel de universidad.

Pero más allá, por la calle Argentina, en un pueblo llamado Tecolotlán existe una escuela para los que decidieron pensar y se autonombraron un fracaso artístico, para los que hacen de su vida una nostalgia de la palabra y la melodía:  El leprosario musical. Bautizado por un ermitaño una noche en la que recordó  que de niño tocaba el piano y su maestro le dijo que eso no le iba a funcionar, así que desde entonces se resignó a pensar y a veces buscaba una guitarra para arañar su nostalgia musical. Una noche que junto a una presunta estudiante de música formal dejó a su pensamiento hablar y hablar sobre la vida sin-sentido, sobre el andar, sobre la palabra que ya no condensaba ni siquiera a la necesidad. Y sin saber por qué tomó una botella de mezcal y se puso a escuchar a Chopin. Escuchando y quebrándose sin su voluntad pidió disculpas por sus mal-decires con la música que la estudiante podía conceptualizar y se nombró leproso musical. Leproso, profano de la academia pero perteneciente al sentir y la empatía en cada tecla que rasgaba Rubinstein, rechazado por algún músico formal y acogido por los amantes nocturnos que hacen de la música su decir principal. Leproso que sin palabras técnicas que le pudieran justificar la composición de la obra que acababa de escuchar, tenía la conciencia de que el silencio era la única forma de dejarse habitar por la música en ese lugar: leproso que escuchaba con atención lo que la estudiante le dictaba acerca de la composición de las obras, interrumpiendo con alguna inquietud o reflexión del tiempo en que la obra se formaba y recorriendo la pieza como una manera de expresar lo que la palabra escrita ya no lograba sustentar.

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Tomada de: dondeir.com

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El leprosario fue digno de conferencias magistrales que en la academia hubieran censurado por su largo contenido en el pensar. Fue partidario del romanticismo como el periodo que nos enseñó a callar, no como una forma de negar el pensar, sino como una manera de sobrevivir después de llevar al grito este decir conceptual. Y entonces, la música de Beethoven, Chopin era inauguración de una noche que amanecía en poco rato y que mezclaba a los profanos con los conservados por la academia formal. Era la verdadera escuela musical, la que dejaba que el pensamiento hiciera música con su andar, que la conciencia también tuviera lugar y entonces, el sentir se dejara proclamar con la técnica aprendida como la herramienta que de niños aprendimos para hablar. Al amanecer, con el término de una guitarra que tocaba alguna parte del preludio de Bach se conmemoraban a los que se dejaron escuchar junto al gremio musical: Chavela y Chopin, Dvořák y Hugo Díaz, Gardel y Beethoven, una flauta y un cantar sin andar.

El leprosario y su leproso fueron el mejor acercamiento musical que una estudiante puede experimentar: fue  aprender a vivir y asumir que la música es decir, es técnica y es pensar; fue ser un leproso para poder habitar sinceramente la música y desde ahí participar en hacer vida para los demás.

Habrá que tomar conciencia de la separación tan grave que se está haciendo en las academias de música formal en la ciudad. Habrá que recuperar(nos-en-) el sentido de que pensar la música es un complemento junto a la praxis para poderla interpretar. 

Si la música formal tiene un camino que seguir es en el del ermitaño proclamando que  para hacer música hay que vivir y dejar pensar para después aprender a callar: del ermitaño que hizo de Tecolotlán su leprosario musical.

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Natalia Ulloa.
nataliaulloa15@gmail.com
PlasmArte Ideas, mayo, 2018.

Twitter: @plasmarteideas
Instagram: @plasmarteideas

martes, 14 de noviembre de 2017

COCTEL DE LETRAS | Herstorian: Linda Nochlin y la crítica feminista del arte

[Sección coordinada por Inés M. Michel*]



[Colaboración de Hilda Monraz]




Linda Nochlin nació el 30 de enero de 1931 en Nueva York y murió el 29 de octubre de 2017, en Manhattan, presumiblemente de cáncer. Se dedicó a la historia del arte, a su enseñanza, y sobre todo a su investigación y difusión con una mirada feminista. En eso fue pionera y se le atribuye ser una de las primeras en ponerse las “gafas moradas” al mirar la producción artística a través de la historia. Escribió diversos textos que marcaron pautas en su especialidad. En 1971 publicó el que probablemente es su artículo más famoso, intitulado  “Why Have There Been No Great Women Artists?”, que la catapultó como una de las más reconocidas críticas de arte con mirada feminista.
Dicho ensayo se insertó en una dinámica de movimientos feministas que buscaban respuestas a las preguntas sobre la invisibilidad de las mujeres en el mundo, incluyendo el arte. El llamado feminismo de la segunda ola cobraba auge en Estados Unidos y cuestionaba lo que significaba ser mujer y ser hombre en las distintas sociedades. Nochlin fue más allá y se preguntó ¿por qué no ha habido grandes mujeres artistas? ¿No existieron? ¿Las callaron? ¿Qué pasó durante tantos siglos para que no tuviéramos una Miguel(a) Ángel(a) o una Leonard(a)? La primera contestación que hace en el texto, asumiendo la construcción social común de los géneros es que las mujeres no pueden llegar a ser grandiosas como los hombres. Sin embargo, plantea también la crítica a las propias miradas feministas. Según Nochlin, no se debe caer en la trampa de contestar inmediatamente sólo visibilizando a las mujeres que pueden asemejarse a los “grandes artistas” del pasado. No se trata sólo de rescatar a quienes tuvieron talento (aunque no el apoyo), sino de preguntarse qué representó ser “gran artista” en su contexto y por qué.

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Linda Nochlin. Tomada de: thetimes.co.uk

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Nochlin aseguró en su artículo que las mujeres a lo largo de la historia no han tenido las mismas oportunidades que los hombres para instruirse en el arte y mucho menos para producirlo o exponerlo. La autora argumentó en torno a la educación que durante siglos se les negó a las mujeres en diferentes momentos históricos, lo cual explicaría en gran medida la falta de presencia de ellas en el mundo artístico. Pero también encontró una invisibilidad sistemática que se les impuso, a partir de la creencia de que ellas no pueden crear arte, sino sólo reproducirlo. Esto estaría ligado a su “natural” atributo de la maternidad. No son creadoras, sino reproductoras. Un ejemplo de esto fue la educación artística para las mujeres que se hizo popular en Europa y Estados Unidos durante el siglo XIX. Cuando aparentemente se abrían espacios femeninos en el mundo del arte, su enseñanza fue entendida como instrucción para la reproducción casi automática, pues se les enseñaba a las mujeres a copiar de manera estética lo que ya estaba hecho. Sólo es cuestión de recordar esas escenas que son tan comunes de mujeres “aprendiendo arte” pintando cuadros con jarrones, paisajes o flores. O tocando el piano, pero siempre con las partituras por delante, sin intentos de crear o innovar.
En el fondo de esta discusión, Nochlin presentó la idea del “genio”. Para ella, a lo largo de la historia es el hombre blanco quien definió qué y cómo es ser “genio”. No sólo en la creación artística, sino también en el análisis de la misma. “El” historiador del arte es quien determinó qué es arte y qué no. Esbozó cronologías de grandes artistas que dejaron de lado una gran diversidad de manifestaciones. En ese sentido, sigue vigente cuestionar no sólo para como Nochlin lo hizo, sino en adelante para la interpretación del arte: ¿Qué relación tiene la “genialidad” con la construcción del género? ¿Qué tiene que ver con la apropiación del pensamiento? ¿Es (in)dependiente de ser hombre o de ser mujer?
Nochlin relacionó este atributo de genialidad con lo que llama un “aura mágica” que da origen a mitos. Para ella, fueron una especie de habilidades extraordinarias que por supuesto se revisten de masculinidad a lo largo de la historia. Por ejemplo, las maravillosas facultades que se cuentan de Picasso para entrar a tempranísima edad a la Academia de Arte de Barcelona. Casi como si fuera el único. A Nochlin se le ocurre preguntar sobre sus contemporáneos, que probablemente compartían edad y experiencias. Me permito citar a Linda Nochlin cuando ofrece una explicación bastante clara sobre por qué no ha habido “grandes mujeres artistas” y se refiere a la manera de hacer arte. La autora asevera que “la creación artística, tanto en términos de desarrollo del creador artístico como en la naturaleza y calidad de la obra de arte en sí, ocurren en una situación social, son elementos integrantes de esta estructura social y están mediados y determinados por instituciones sociales específicas y definidas, sean éstas academias de arte, sistemas de patrocinio, mitología de un creador divino, el artista como el hombre o proscrito social”. De manera que no podemos analizar al arte o sus procesos en un solo momento, ni como una producción solitaria o que conlleva una identidad de género. Es mucho más complejo y dice bastante sobre el ambiente en que se produjo, desde dónde y cómo lo vemos.
Otro asunto sería hablar del plagio artístico, sobre todo el que sufrieron algunas mujeres creadoras, incluso a sus mismas parejas sentimentales y/o familiares. No lo señala Nochlin, pero uno de los casos más recientes es de la pintora Margaret Keane, artista que pintaba cuadros con personas cuyos ojos eran enormes y de apariencia triste. Walter Keane, quien fue su esposo de 1955 a 1965, se apropió de esas obras y las vendía como suyas. Se hizo famoso y ganó mucho dinero. Se aprovechó de la situación de Margaret, quien ya tenía una hija y dependía de Walter. Sin embargo, se separaron a los diez años de casados y hasta la década de 1980 ella pudo declarar la verdad. Incluso le ganó un juicio en el que lo retaba a pintar, obviando la impotencia del retado. Así demostró que ella era la creadora. Este fue un caso muy reciente, pero ejemplifica el asunto de la genialidad y su atribución al varón. Lo relaciona con su proveeduría familiar y la superioridad que Walter ejercía sobre Margaret, quien en realidad trabajaba y sostenía la economía en su cotidianidad. Tal vez el arte sólo nos pone de manifiesto lo que en la realidad social acontece a diario. La supuesta supremacía varonil que se establece casi sin cuestionamientos. Aunque en el fondo, sean muchas las mujeres las que sostienen de muchas maneras la vida en general.
Personalmente encuentro muy lamentable tener que hablar de mujeres que acaban de morir. Con el fallecimiento de Linda Nochlin viene la tristeza de una pérdida irreparable. Les invito a leer su artículo completo (dando clic al enlace encontrarán el libro compilado por Karen Cordero e Inda Sáenz que contiene el artículo de Linda Nochlin en español), que da cuenta de muchos más temas en la historia del arte, como los programas académicos, la visión e interpretación de los desnudos, los casos documentados de mujeres artistas en distintas épocas y más. Una de las formas de seguir homenajeando a una académica es leerla, comentarla y recordarla. Siguiendo sus mismos postulados; cuestionando los conceptos, historiando el arte, visibilizando y dándoles nombres a las artistas, el presente es un pequeño pero sincero homenaje.


Hilda Monraz.
@_biographer

PlasmArte Ideas, noviembre, 2017.
Twitter: @plasmarteideas



COCTEL DE LETRAS es coordinada por Inés M. Michel. 
[*Egresada del Instituto de Ciencias, generación 100, (100cias100pre). 
Las letras me han salvado de los hombres grises en innumerables ocasiones. 
Fiel lectora de Ende y de un sinfín de historias fantásticas y de terror. 
Casiopea es mi guía y confidente.]

Contacto: inesm.michel@gmail.com











miércoles, 25 de noviembre de 2015

ENSALADA FREAK | El viaje de Interestelar

[Sección a cargo de David A. Becerra*]
















Durante la premiación de la edición número 88 de los premios Oscar del año 2015, una película estuvo relegada de las principales categorías y solo tuvo espacio en las categorías de efectos visuales y sonido,  la cinta:  Interstellar (Interestelar en México), producción estadounidense del año 2014, dirigida por el director  de origen inglés, Christopher Nolan; el filme, desde la perspectiva de los miembros de la Academia,  no tuvo los atributos necesarios para aspirar a otras nominaciones. Por supuesto hay una cantidad inagotable de películas y directores que nunca recibieron los honores merecidos y también podríamos cuestionar la importancia o valor artístico de los mismos premios, pero bueno, los Oscar para bien o para mal, siguen siendo un referente  para juzgar la importancia de una producción cinematográfica a nivel mundial. 

Interstellar es una historia de ciencia ficción, ubicada en algún punto del futuro cercano, donde el planeta Tierra se vuelve inhabitable para los seres humanos debido a una terrible plaga que va matando poco a poco a las plantas y seres vivos del planeta. La civilización ha parado toda actividad de desarrollo tecnológico y científico para destinar los disminuidos recursos a la siembra y producción de alimentos. Un grupo de científicos de la extinta NASA, planean viajar a otros mundos para transportar a la población humana a un nuevo planeta. Esta es la idea principal de la película, la cual fue asesorada por el físico teórico Kip Thorne, que aportó los conceptos y teorías científicas necesarias para poder desarrollar una historia lo más apegada a la realidad. Kip Thorne, famoso por sus teorías sobre los agujeros negros y los hoyos de gusano, ya había asesorado al científico y divulgador Carl Sagan en su novela de ficción: Contacto

Interstellar ha sido comparada con otros clásicos del género como Blade Runner, Gattaca o incluso su referente más directo: 2001: A Space Odyssey, (2001, Una odisea del espacio, 1968), del director Stanley Kubrick, y es en este punto donde las opiniones empiezan a compartirse y parecerse entre ellas. Así como en su momento 2001: A Space Odyssey, fue calificada de una película confusa y pretenciosa, de igual manera, Interstellar, cosechó críticas sobre una supuesta sobrevaloración, excesivo tecnicismo, guion complicado  y por su duración (2 horas 49 minutos); para otros, simplemente es una película que no se sostiene científicamente, tomándose libertades que no debería; no comparto ninguna de estas opiniones, creo que es una película retadora, que pide poner atención a sus diálogos, además de tener un soundtrack sobrecogedor, (realizado por el compositor Hans Zimmer). 

La película es un viaje que no se debe dejar de lado, no es un documental científico, ni una película de “arte”; es una narración entretenida, con imágenes visuales impactantes, que merece ser vista por todos aquellos que gustan de las películas de sci-fi.    





David A. Becerra
PlasmArte Ideas, noviembre, 2015

Twitter: @plasmarteideas

  


*Ensalada Freak está a cargo de David A. Becerra

[Cocinero de primera, perdón de primer año, 
experto en revolver cosas sin un orden específico, 
se le encargó la elaboración de ensaladas y otros platillos. 
Tiene la intención de escribir varios libros,
 de cursar varios diplomados, algunas maestrías y un par de doctorados, 
 habla más o menos español, y lo escribe al 50%;  
es el fundador y único miembro de su propio club de Star Wars.]

Contacto: davidalfonsobecerra@gmail.com