martes, 11 de agosto de 2015

COCTEL DE LETRAS | Pienso, luego escribo (Columna mensual)

[Sección a cargo de Inés M. Michel*]












Presentación

Pienso, luego escribo, será una columna de publicación mensual, en la que abordaré diversos temas que giran principalmente en torno a los discursos literarios y audiovisuales, cuestiones de género, moda y ecosofía, los cuatro ejes de mi sección Coctel de letras que ha contado ya con numerosas colaboraciones externas y que me han dado pie para reflexionar sobre muchas cosas.

De esta manera, me sumo a estas publicaciones que han nutrido esta sección, y que hacen un coctel interesante, de ingredientes tanto exóticos como comunes, mezclados en el punto exacto para beber ya sea en soledad o con compañía, así que ¡salud!


1984 y la dialéctica del poder

¿Qué mundo terrible vivimos, que un relato escrito hace 67 años, en el contexto de una dictadura, nos habla tanto del pasado como del presente y de un futuro desalentador?

Ese pasado, plasmado en las páginas de 1984, escrito en 1948 ha sido borrado sistemáticamente de las páginas de nuestra historia; hoy agrego unas cuantas al intento del no olvido, de la memoria.

Muchos relatos nos hablan de la realidad, pero algunos lo hacen desde la perspectiva de que hay distintas realidades, afines a quien las vive, ajenas para quien a veces, ni siquiera sospecha esta multiplicidad. No se trata solo de física cuántica, o de universos paralelos o alternativos, sino de conjuntos de sistemas que funcionan y se reproducen en su interior, en ocasiones sin interactuar con otros, por lo que para quienes viven en ellos, pueden parecer únicos, totales.

Muy importante para este texto, es el doble discurso, que también puede ser interpretado como una doble realidad: lo que dice la dialéctica del poder y lo que ocurre tras los escenarios políticos, tras los teleprompters.

Las palabras elegidas en los discursos, las mentiras dichas como verdades, y las verdades acalladas como mentiras, conforman un entramado que pretendo exponer aquí, dejando al alcance de cualquiera que le interese, lo que se oculta en las frases más sonadas de nuestros tiempos, reflejadas en las líneas del texto y maravillosamente desglosadas, con la neolengua, lenguaje inventado por Orwell, que va al punto nodal de lo que dice y lo que se piensa en la actualidad.

Originalmente, esta novela, se concibió con el nombre The Last Man in Europe (El último hombre de Europa); posteriormente surgió el título Nineteen Eighty-Four (Mil novecientos ochenta y cuatro), el cual convenció más a su editor, pues lo consideraba un título más comercial.

Sobre por qué el título 1984, se manejan distintas teorías: una menciona como referencia la fecha del centenario de la Fabian Society, fundada en 1884; otra habla de un guiño a la novela de Jack London, The Iron Heel (por la fecha en que el partido político toma el poder); otra más, propone que es en relación al cuento de GK Chesterton, uno de sus autores preferidos, The Napoleon of Notting Hill, ambientado en 1984.[1]

Uno de sus biógrafos, Peter Davison, señala que, aunque no existen pruebas que lo fundamenten, el editor estadounidense de Orwell afirmaba que era simplemente el resultado de intercambiar la posición de los dos últimos dígitos del año en el que se escribió.

En una carta a un líder sindicalista estadounidense, el autor dice sobre su novela:

“Yo no creo que el género de sociedad que describo vaya a suceder forzosamente, pero lo que sí creo (si se tiene en cuenta que el libro es una sátira) es que puede ocurrir algo parecido. También creo que las ideas totalitarias han echado raíces en los cerebros de los intelectuales en todas partes del mundo y he intentado llevar estas ideas hasta sus lógicas consecuencias.”

La clave no es dada aquí por él mismo, en un párrafo revelador sobre la sociedad de su tiempo, que es cada vez más, la nuestra.

La novela emblemática de George Orwell, estudiada por muchos especialistas durante décadas, resulta pertinente hoy, para entender lo que nos pasa día a día en un mundo tecnologizado, globalizado e hipervigilado, donde el individuo se pierde en beneficio del Estado, y de un supuesto bienestar colectivo, que oprime y destruye las libertades individuales arguyendo de diversas maneras la necesidad de ello e incluso generando, que sea la misma gente la que lo pida y lo defienda.

Es el sistema perfecto de control, no solo se vigila y se controla el comportamiento, también se busca el control de la mente, los deseos y los sueños.

Suele decirse que la ficción se adelanta en muchas ocasiones a la realidad, hablando con exactitud de algo que en su presente aún no ha pasado; mi postura es que simplemente hay autores que analizan tan profundamente la sociedad y su mundo, que logran entender muy precisamente hacia dónde va el presente.

Por todo ello, me interesó hablar de 1984, que basada en las atrocidades de dictaduras pasadas, nos da en su discurso una visión clara del presente, y utiliza el lenguaje, como pilar para transmitir las contradicciones y las atrocidades del poder.

“La guerra es la paz, la esclavitud es la libertad, la ignorancia es la fuerza”, este, el lema del Partido, en este futuro distópico planteado por Orwell, nos da pie para desmenuzar los recursos semióticos utilizados en el libro que denotan la incongruencia de un gobierno, que se parece terriblemente a muchos de la vida contemporánea.

El pasado, dice Orwell en una entrevista acerca de su libro Mi Guerra Civil Española, es controlado por la camarilla gobernante tanto como el futuro. En relación con la reescritura de la Historia, Orwell dice en este texto:

“Ya de joven me había fijado en que ningún periódico cuenta nunca con fidelidad cómo suceden las cosas, pero en España vi por primera vez noticias de prensa que no tenían ninguna relación con los hechos, ni siquiera la relación que se presupone en una mentira corriente. (...) En realidad vi que la historia se estaba escribiendo no desde el punto de vista de lo que había ocurrido, sino desde el punto de vista de lo que tenía que haber ocurrido según las distintas «líneas de partido». (...) Estas cosas me parecen aterradoras, porque me hacen creer que incluso la idea de verdad objetiva está desapareciendo del mundo. A fin de cuentas, es muy probable que estas mentiras, o en cualquier caso otras equivalentes, pasen a la historia. ¿Cómo se escribirá la historia de la Guerra Civil Española? (...) Sin embargo, es evidente que se escribirá una historia, la que sea, y cuando hayan muerto los que recuerden la guerra, se aceptará universalmente. Así que, a todos los efectos prácticos, la mentira se habrá convertido en verdad. (...) El objetivo tácito de esa argumentación es un mundo de pesadilla en el que el jefe, o la camarilla gobernante, controla no sólo el futuro sino también el pasado. Si el jefe dice de tal o cual acontecimiento que no ha sucedido, pues no ha sucedido; si dice que dos y dos son cinco, dos y dos serán cinco. Esta perspectiva me asusta mucho más que las bombas, y después de las experiencias de los últimos años no es una conjetura hecha a tontas y a locas."[2]

La novela fue escrita mientras Orwell se encontraba gravemente enfermo de tuberculosis, en la isla de Jura, Escocia, entre 1947 y 1948, retomando apuntes que había comenzado en 1944.

El autor pertenecía a una familia escocesa originaria de Montanari, una comunidad cercana a la India. Durante muchos años laboró en la policía de su país, donde conoció los aspectos más terribles del imperialismo. Como intelectual fue antidogmático y anticatólico. Por supuesto, 1984, no escapa a la influencia de este pensamiento.

En un lenguaje sencillo, narrado a través de un narrador omnipresente, la prosa estructurada a lo largo de tres partes que a su vez se dividen en capítulos; se utilizan símbolos del discurso político, que son fácilmente identificados en la lectura, uno de los emblemas es el lema del Partido: La guerra es la paz, la esclavitud es la libertad, la ignorancia es la fuerza, es el que fortalece a esa dialéctica del poder que mencioné ya.

Catalogada como novela de ciencia ficción, el texto de Orwell presenta un futuro distópico donde narra las aspiraciones humanas y el temor al control totalitario sobre el cuerpo de los individuos, pero lo más terrible, sobre la mente. Protagonizada por Winston Smith, que simboliza la rebelión contra la clase dirigente británica, que se apoderó de todos los aspectos de la vida de sus gobernados, a quienes espía en todo momento con cámaras instaladas en cada rincón de la ciudad.

Orwell, pretendía como escritor, y se refleja en esta, su última novela, elevar la literatura política al terreno del arte.

La novela salió al público en 1949 y décadas después de su publicación, continuó creciendo tanto en actualidad como en sentido profético. Sus libros más importantes, Rebelión en la granja, de 1945 y 1984, de 1948 fueron análisis críticos de mediaciones llevadas a la práctica de un sistema que ejerce control totalitario, llevado a término como fin último de una utopía corporizada.[3]

Una serie de signos nos son presentados en la novela, sobre todo a través del discurso del Partido, y de los recursos lingüísticos que son introducidos por la neolengua, un idioma nuevo, que pretende simplificar tanto el lenguaje que se eviten las interpretaciones subjetivas, así resumiendo y conjuntando palabras, se logran adjetivos compuestos  y formas nuevas de lenguaje que implican un desapego racional de las emociones, los sentimientos y las sensaciones.

Ya nada volverá a ser lo mismo, cuando la neolengua se imponga por completo, olvidando los matices que la mayoría de los idiomas proporcionan, el español si estamos leyendo la versión traducida, el inglés si lo leemos en el idioma original.

Así, el Partido se encarga de controlar, no solo las acciones de las personas, su futuro y su pasado, sino también su mente, sus pensamientos, incluso sus deseos.

Narrado en primera persona, acompañamos al protagonista en un mundo que él mismo ha ayudado a construir pero del que no está muy orgulloso, la historia, presentada en capítulos numéricos, y dividida en tres partes, nos hace testigos de las atrocidades cometidas en nombre de la paz, y de una estructura de poder que se asemeja a la actual, diferenciada solo por una vanguardia tecnológica que desarma todo pensamiento contrario al sistema imperante.

La primera parte, se divide en ocho capítulos y se encarga de presentarnos a Winston, protagonista de la historia, y al sistema controlado por El Gran Hermano (Big Brother), que a través de un complejo sistema de cámaras encendidas las 24 horas, vigila a todos los ciudadanos, controlando así no solo sus acciones sino sus pensamientos, puesto que la mínima expresión facial es registrada y puede ser motivo de inspección detallada.

La segunda parte, dividida en diez capítulos nos introduce al acercamiento que Winston tendrá con una joven, a quien comienza a encontrarse, aparentemente fortuitamente en diversos lugares, y que al principio le causa temor pues podría tratarse de un agente de la Policía del Pensamiento; encargada de vigilar cualquier anomalía en las ideas de los ciudadanos que pueda derivar en una postura contraria a los intereses del sistema. Esta relación crecerá y se convertirá en el punto cumbre de esta parte intermedia.

La tercera y última parte, de seis capítulos, es quizá la parte más oscura de la historia, narra el encierro de Winston en el Ministerio del Amor, y su afrenta con El Gran Hermano. Nos lleva a explorar la parte más atroz de este mundo.

El discurso político se compone de enunciados que repetidos hasta el cansancio, buscan unificar a la parte de la humanidad que gobierna el Partido, se trata de un mundo dividido en bloques geopolíticos, enfrentados permanentemente entre sí, siendo el enemigo eterno, el otro, ese otro como extranjero o como extraño, que descubrimos a lo largo de la historia, va cambiando según los intereses en turno.

El nuevo idioma orwelliano, la neolengua, contribuye a la temporalidad futura planteada, donde se arguye que es necesario simplificar el lenguaje cotidiano. Como ejemplos, el Ministerio de la Paz (Mipax) en neolengua, que “se encarga de los asuntos de guerra”, el Ministerio del Amor, (Mimor),  de asuntos del odio.

Orwell logra dejar clara la dialéctica del poder, en un discurso presentado a manera de novela, que incluso pudo haber pasado desapercibido, hasta que ojos agudos, supieron leer los mensajes que nos hablan de lo que nos deparaba y nos depara. 

"Somos la distopía que Orwell imaginó", dice Juan Pablo Anaya. ¿Lo somos? Todo parece apuntar a que sí, la pregunta entonces es ¿cómo combatiremos a Big Brother? Lo primero es reconocerlo hoy día en las variantes que este se nos presenta.




Ficha técnica

Título: 1984
Autor: George Orwell
Género: Novela
Subgénero: Ciencia ficción
Título original: Nineteen Eighty-Four
País: Reino Unido
Fecha de publicación: 8 de junio de 1949
Páginas: 326
Editorial: Harvill Secker


Inés M. Michel
PlasmArte Ideas, agosto, 2015

FB: PlasmArte Ideas
Twitter: @plasmarteideas



*COCTEL DE LETRAS está a cargo de Inés M. Michel 

[Egresada del Instituto de Ciencias, generación 100, (100cias100pre). 
Las letras le han salvado de los hombres grises en innumerables ocasiones. 
Fiel lectora de Ende y de un sinfín de historias fantásticas y de terror. 
Casiopea es su guía y confidente.]

Contacto: inesm.michel@gmail.com










Referencias

[1] Orwell, George, The Collected Essays, Journalism and Letters of George Orwell – Volume 4: In Front of Your Nose, 1945–1950, Editorial Penguin, Reino Unido.
[2] Fragmento recuperado en la página de Facebook dedicada a 1984, visto el 11 de agosto de2015: https://www.facebook.com/pages/1984/112664102080074#

[3] Referencias tomadas del Prólogo de 1984.

lunes, 10 de agosto de 2015

ARTE CON CUCHARA | Eat Art o el Arte que se come

[Sección a cargo de Talita Quiñones*]

















Este año, la Exposición Internacional de Milán (mayo 2015 - octubre 2015), lleva por título Alimentar el planeta, energía para la vida. Ante un evento de tal magnitud y dedicado a un tema tan significativo, no podemos dejar de lado que la comida forma parte del arte.

La comida ha incidido en la historia del arte de un modo particular, siendo protagonista en distintos momentos de importantes obras de arte, adquiriendo significados particulares, dependiendo de su época. Se ha representado en mesas servidas a solas, con comensales,  o como naturaleza muerta; podemos ver pinturas del siglo XVI realizadas por Giusseppe Arcimbuldo representando rostros humanos utilizando frutas y verduras.


Otoño, Giusseppe Arcimboldo, 1573

Dejando de lado el aspecto pictórico, en el siglo XV, Leonardo da Vinci, utilizo la técnica del mazapán para elaborar maquetas, las cuales se confundían en ocasiones con pasteles muy extravagantes.

Ya en el siglo XX, Dalí fue un apasionado de la gastronomía, constantemente reflejó la comida en sus obras, chuletas, pan, huevos.

Relatan que Dalí cuando tenía seis años quería ser cocinero. Se dice que el pan y el huevo fueron los alimentos más importantes para él: el pan como base de la alimentación de casi todas culturas y el huevo como símbolo de fecundidad.

También relacionó con un huevo el útero de su madre – duro por fuera y blando por dentro. Para él, el huevo fue un símbolo de su hogar. No por nada colocó gigantes esculturas de huevos en su casa en Portlligat, Cadaqués y en una de las torres de su teatro en Figueras.



El teatro - museo en Figueres 


Eat Art, el arte que se come

El Eat Art, es un arte sensorial en el que, además de la vista, intervienen el olfato y el gusto.

En la segunda mitad del siglo XX, se da importancia a la comida como material, se transforman los comestibles en materia del objeto de arte. 

El trabajo precursor de esta corriente fue la obra de Daniel Spoerri (Rumanía, 1930), Palindromic Dinner (1967) en la que, usando como materia prima los desechos del vecindario, puso de manifesto el brusco cambio que el ritual de la comida había experimentado con el nacimiento de la sociedad de consumo. Esta importante carga simbólica sedujo a un grupo de artistas que, durante décadas, han mantenido la comida como tema de exploración artística.


Palindromic Dinner, Daniel Spoerri. 1967



En el aún protagonista París de los sesenta, la pareja formada por Dorothée Selz (París, 1946) y Antoni Miralda (Terrassa, 1942) basó su trabajo en el dúo comida-arte, en unos rituales públicos en los que el color era el elemento fundamental y la comida ejercía un importante papel en el simbolismo de las acciones. A partir de estos happenings, Selz siguió con la alimentación como materia constitutiva y elemento cromático, y centró su obra artística en la elaboración de enormes esculturas efímeras comestibles a base de dulces, frutas o verduras, que desvinculaban al arte de "lo sagrado". Miralda, a partir de los setenta, instalado en Nueva York, se inspiró en la tradición y el ritual, la liturgia de la comida para sus performances militaristas. En 1973 organizó el Patriotic Banquet en el que, con menús a base de banderas comestibles, protestaba contra la guerra de Vietnam, y Stomack Digital, su última obra, repleta de montañas de toppers que hablan de dietas, excesos, hambre y dinero que, con los años, han ido creciendo en simbolismo y también en escala. 

Ya entrados en el siglo XXI, sigue habiendo artistas que recurren al tema de la comida. Alicia Ríos hace apología a la "urbanofagia" convocando banquetes multitudinarios itinerantes en capitales mundiales, donde el ritual es un componente fundamental y el menú está constituido a base de maquetas de barrios y monumentos de las mismas. La alemana Sonja Alhäeuser realiza inquietantes esculturas de carácter expresionista usando mantequilla, mazapán o chocolate como materia prima. Y el arte efímero de Laurent Mariceau busca provocar sensaciones en el espectador que, al ser invitado a comerse autorretratos escultóricos de chocolate, es tratado como consumidor.




Flying Feast, Sonja Alhäeuser. 2012



Sin duda alguna, la presencia del alimento en la vida humana, su concepción simbólica e incorporación al arte, nos abre la puerta a un campo muy particular de la historia. El cual, lejos de la gastronomía y las técnicas culinarias, nos propone una vista en el tiempo de la evolución de los alimentos y la trascendencia que ha tenido en el ser humano, pasando de ser solo alimento para el cuerpo, para alimentarnos el alma.
 



Talita Quiñones
PlasmArte Ideas, agosto, 2015

FB: PlasmArte Ideas
Twitter: @plasmarteideas









*ARTE CON CUCHARA está a cargo de Talita Quiñones



[Estudiante de Historia del arte, 
de nacimiento dramática y soñadora empedernida, 
aún en tiempos difíciles.  
Fiel a mis convicciones, mi mayor apuesta es al arte 
como motor de transformación social.]


Contacto: arteconcuchara@gmail.com







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Referencias

A fuego lento. La comida dentro del arte. Visto el 08 de agosto de 2015. Tomado de: VER AQUÍ

Cocinando con Konopa, Los huevos de Dalí. Visto el 08 de agosto de 2015. Tomado de: VER AQUÍ

Historias de Arte, Eat Art, el arte que se come. Visto el 09 de agosto de 2015. Tomado de: VER AQUÍ

sábado, 8 de agosto de 2015

CONTRAPUNTO | Ingrid Valencia (columna semanal)


Ingrid Valencia
Fotografía: Benjamín Anaya









Ingrid Valencia (Ciudad de México, 26 de febrero de 1983), es autora de los libros de poemas La inacabable sombra, De Nebra, Taxidermia y One Ticket.
Contrapunto es una colaboración semanal de relatos en prosa poética.





Contrapunto



“El navío 11, a manera de presentación”


La marca le surge al atardecer, hoy el cielo se ha consumido. Pasa la noche y la contemplo intacta junto al reloj de su peso con alas.

Juro que regreso de lo lejano, que he visto las jaulas de ojos, traigo un par de ellas en la bolsa. El ruido de las aspas dientes entra por la ventana de mi rostro, lo miro deslizarse con alambres que tejen la canción de las manos.

Las palmas se detienen en la reja, tocan la precisión de los sonidos, el pulso de los dedos que se cortan con el lenguaje del invisible hechizo perdido de los árboles.

Estallan los vientres muy cercanos, se esconden los niños en el hospital, no comen del césped rojo y tardío, de un demonio dulce que se aleja.

Puedo variar los espacios de aquí, someter la duda al comercio de las aspas, ingerir veneno para sueños sospechosos y cálidos de nombre. Están la marca y el atardecer, están las manos en las voces de ayer para acallar el zumbido insecto que perfora los cielos con bolsas, con bolsas de arena blanca y fría.

El zumbido que se mece en la tarde, áurea, líquida, caliente y lleva entre sueños al veneno, a la habitación donde me observan juntar nueces con la mano negra, a fabricar un verso de cartones sumidos en la línea más cercana, calles donde se agolpa el fuerte estruendo en cambios al sentido. La marca le urge al atardecer, hoy el cielo se ha consumido.

Las aspas doradas se llenan de polvo, el navío epistolar extravió los objetos. La cadencia es una mano que reposa, el mar se abre de sus líneas, allá caen el polvo y la lluvia. Sólo un roce devuelve la paz, el balanceo del olfato néctar que acaricia el peso de lo húmedo, de los cortes del viento delante, donde la voz es de espiga amarga.

La proa es una grieta celeste, el voraz cuchillo de lo hilado, la esquina de agua en lo roto donde se abraza el grito dentro, en la cúspide helada que termina.

Nos íbamos del puente al eclipse, al olor de los cuellos al día, a escribir la jaula del número, la prisión de los márgenes testigos, el único alfabeto entre los pocos habitantes del aspa y del navío.



Ingrid Valencia
Twitter: @ingridvvalencia
PlasmArte Ideas, agosto, 2015


viernes, 7 de agosto de 2015

PLASMARTE RADIO | Obsolescencia programada: ¿Y después de los recursos,qué?

[Escúchanos este viernes 07 de agosto a partir de las 21:00 hrs. por www.laexquisitaignorancia.com]


Es imposible ignorar cómo año con año, un sinfín de aparatos y enseres evolucionan, destacando mejoras que permiten mayor agilidad o presumiendo de ergonomía y funcionalidad para el ser humano. Mejoras que sin embargo, no alargan la vida útil del objeto. Cambia el tamaño, el color, la forma; quizá poseen mayor velocidad, o fuerza. Aunque tal vez sea tan sencillo, como que la competencia tiene un nuevo modelo y hay que seguir compitiendo en el mercado. 

El documental Obsolescencia programada nos ofrece en 1 hora, 14 minutos y 50 segundos, una concreta explicación de este leviatán que se alimenta no solo de los recursos del planeta para seguir aplastándonos, sino de nuestra obsesión por poseer lo último en el mercado, sea cual sea.



¿Qué es la obsolescencia programada?

Este concepto se remonta a 1932, cuando el corredor de bienes raíces, Bernard London, propuso poner fin a la Gran Depresión estadounidense a través de la obsolescencia programada. En su discurso de ese mismo año Bernard dejó claro que su objetivo era obligar a las fábricas a producir objetos que rápidamente se deterioraran y que tuviesen que ser sustituidos por uno nuevo producto, esto con el fin de reactivar la industria y la demanda en los mercados y con ello, hacer reaccionar la  economía de su país.
Primarily, this country and other countries are suffering from disturbed human relationships. Factories, warehouses, and fields are still intact and are ready to produce in unlimited quantities, but the urge to go ahead has been paralyzed by a decline in buying power. The existing troubles are man-made, and the remedies must be man-conceived and man- executed.Briefly stated, the essence of my plan for accomplishing these much to be desired ends is to chart the obsolesce of capital and consumption goods at the time of their production.Wouldn’t it be profitable to spend a sum of say two billion dollars to buy up, immediately, obsolete and useless buildings, machinery, automobiles and other outworn junk, and in their place create from twenty to thirty billion dollars’ worth of work in the construction field and in the factory? Such a process would put the entire country on the road to recovery and eventually would restore normal employment and business prosperity. (2015).

 ¿Será que este hombre jamás vislumbró las consecuencias de despertar a tal monstruo?

Aunque nunca se llegó a imponer por ley, esta propuesta se tomó como modelo de línea de negocio en muchas empresas. Llegó a su máximo esplendor en 1954 cuando el diseñador industrial estadounidense, Brooks Stevens, utilizó el término obsolescencia programada, en un discurso sobre lo que suponía la nueva producción en masa y lo que implicaba económicamente una producción más barata y con precios por debajo de lo que se venía produciendo.

De toda la producción industrial, sin duda alguna, es la obsolescencia programada de la tecnología, uno de los temas que han sido motivo de crítica y se han puesto sobre la mesa en los últimos años, cuestionando la fabricación de productos con una fecha de caducidad con la que obligar al consumidor a comprar cada determinado tiempo. 

¿Podríamos vivir sin la obsolescencia programada?

Es imposible negar la existencia de la obsolescencia en la tecnología. No solo existe, sino representa uno de los excesos del consumismo y está disponible, casi para cualquier sociedad. Aunque tampoco se puede ignorar, cierta obsesión entre los consumidores por renovar sus aparatos y situarse en un status superior al que conserva el aparato anterior. En muchas ocasiones, estos aparatos aún están en condiciones de ser utilizados, sin embargo se les desecha sin la mínima conciencia de lo que implican para el planeta. 




¿Somos consientes del paradero de nuestros desechos electrónicos?

Todos los días surgen miles de nuevos dispositivos electrónicos que desplazan a otros que, al considerarse obsoletos, son desechados inconscientemente en la basura o bien acumulados sin cuidado, ignorando el hecho de que siguen contaminando. El 70% de las toxinas que se desprenden de los tiraderos de basura, proviene de nuestros desechos electrónicos.

Buena  parte de la basura electrónica de países como Estados Unidos se recicla en la India y China, donde se procesa para recuperar plomo, oro y otros metales de valor. Pero en el proceso, otros elementos como el cadmio o el mercurio pueden contaminar la tierra y el agua. 

Como ya lo hemos leído, debido a la obsolescencia programada, la vida útil de nuestros aparatos está programada para un tiempo finito, estos aparatos en su mayoría, no  suelen ser reparados, ya que su reparación suele ser más costosa que la adquisición de un aparato nuevo.  Entonces nos deshacemos del aparato que ya no funciona y lo depositamos en cualquier lugar, sin saber que estos productos causan daños graves a nuestro organismo y a la naturaleza.

Entre las sustancias que componen los diferentes aparatos, podemos encontrar éteres, plomo, cobre, cadmio, arsénico, selenio, cromo, cobalto, mercurio, entre otras.  El cobre, por ejemplo, es muy utilizado para toda la electrónica por su gran capacidad de conductividad. Sin embargo es uno de los factores que provoca la lluvia ácida, junto con otros muchos impactos como son la alteración de la permeabilidad de la membrana celular, la reducción del crecimiento o la inhibición de la fotosíntesis.

El caso del plomo, que representa el 6% de la composición de la mayoría de equipos informáticos, puede provocar acumulación del mismo en los animales y personas, causando graves efectos en su salud por envenenamiento, e incluso la muerte por paro respiratorio. Por otro lado, el mercurio afecta al sistema nervioso y neurológico de los mamíferos y los humanos. Por lo tanto, deberíamos de pensar qué hacemos con las bombillas y tubos que dejamos en los contenedores de basura.

Es algo de todos los días, ver abandonados aparatos en las calles formando parte del paisaje. Por ésta razón, hay que tener conciencia al momento de comprar un nuevo aparato electrónico. ¿Realmente lo necesitamos? Si deja de funcionar, ¿Es posible repararlo? Sí por el contrario no tiene remedio, podemos llevarlo a un punto de depósito seguro, en el caso de los teléfonos móviles y las baterías a los puntos de reciclaje. Sin duda, esto no solucionará totalmente el problema, es solo una pequeña forma de ayudar a respirar al planeta, crear hábitos y conciencia en términos de sostenibilidad en nosotros y nuestras familias.

Vik Muniz y su arte de basura

Vik Muniz (São Paulo, 1961), convierte la basura en arte. Lejos de los materiales clásicos, Vik se vale de latas oxidadas, llantas desinfladas, botellas de plástico y tapas de inodoros desechadas para construir imágenes. El interés particular de realizar esta serie, es el reflexionar sobre el poder que tiene el arte para crear ilusiones y el interés del espectador en creer en ellas. 

“No se trata de producir algo increíble, sino de producir algo en lo que quieres creer.” (Muniz, 2014).

El documental Waste Land (2009) recoge su experiencia con recicladores en Río de Janeiro, y cómo obras nacidas de la basura se vendieron por miles de dólares en subastas de Nueva York. Su trabajo siempre tiene que ver con el exceso, sea la basura o el dinero.

En una entrevista para la revista limeña, El Comercio, Vik comento su sentir acerca de  la verosimilitud de la imagen hoy en día:
La revolución industrial transformó nuestra percepción y para ello la fotografía fue una herramienta muy importante. La gente empezó a acceder al mundo a través de la imagen, y a generar deseos que no podían ser satisfechos. La dicotomía entre el ser y querer ser se exacerbó sin mesura. Para mí, la definición de exceso es la discrepancia entre lo que necesitas y lo que quieres tener. Yo nací a las afueras de una favela de Sao Paulo, y, desde esta perspectiva, puedo estar en una gala del Museo Metropolitano de Nueva York o recibir el encargo de un oligarca ruso para su chalet. Mi responsabilidad no es solo mostrar el contraste entre estos dos mundos, sino hacerlos encontrarse. En “Waste Land” lo interesante no era mostrar quiénes son los pobres y quiénes los ricos. Esos contrastes los conocemos muy bien. El tema era ponerlos  juntos, en una situación dinámica. (2014)

La idea inicial de Muniz era hacer fotos de las personas trabajando, sin embargo, al involucrarse con sus historias de vida, cambia su perspectiva y decide recrear imágenes fotográficas que sean capaces de expresar la dignidad y la desesperación de este colectivo.  La película también enseña el lado humano de los catadores, mostrando la importancia de su trabajo, su preocupación con el futuro del planeta y el orgullo que tienen de lo que hacen.  Las fotos tuvieron una gran aceptación. El dinero recaudado con la venta de las fotos fue revertido en los propios recicladores.

El documental, Waste Land, ha sido galardonado con diversos premios como el premio de la audiencia en el Festival de Sundance, el  premio de la Amnistía Internacional a mejor película de derechos humanos y fue nominado al Oscar 2011 en la categoría, mejor documental.


Después de 34 años de funcionamiento, el vertedero de Jardim Gramacho, cerró el 3 de junio de 2012. Actualmente este sitio alberga una planta de biogás. Esta tiene como objetivo ayudar al desarrollo sustentable de la región, que utilizará el biogás producido a partir de los residuos en lugar de gas natural.
























Talita Quiñones
PlasmArte Ideas, agosto, 2015

FB: PlasmArte Ideas
Twitter: @plasmarteideas









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Referencias

Eva, C. (2014) Obsolescencia programada: un duro enemigo para el ahorro. Actibva Magazine. Visto el 04 de agosto de 2015. Tomado de: VER AQUÍ

Las impactantes obras de Vik Muniz. (2014) La Bioguia. Visto el 04 de agosto del 2015. Tomado de: VER AQUÍ

Vik Muniz: “Vivimos en medio de un basural de información. (2014) El comercio. Visto el 05 de agosto del 2015. Tomado de: VER AQUÍ

Suyan, C., Vik Muniz, la extraordinaria basura. UnitedExplanations. Visto el 05 de agosto de 2015. Tomado de:VER AQUÍ

¿A dónde va aparar la basura electrónica? (2012) Olokuti. Visto el 05 de Agosto de 2015. Tomado de: VER AQUÍ