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martes, 25 de septiembre de 2018

COCTEL DE LETRAS | Herstorian: ¿Todas y todos?

Sección coordinada por Inés M. Michel*



Colaboración de Hilda Monraz en coautoría con Inés M. Michel


Algunas reflexiones en torno al lenguaje incluyente. Propuestas, dudas y razones para cuestionar(se)


“La lengua es historia y en ese proceso histórico se han tomado las decisiones para normativizar el español de una manera u otra, en este proceso (…) está de por medio no solo el uso, sino las restricciones y normativización que se hace de la lengua”.

Patricia Córdova Abundis
directora del Departamento de Letras, 
Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades, 
Universidad de Guadalajara.
                             

El lenguaje, en tanto producción cultural, es un ente vivo, histórico y por lo tanto cambiante y adaptado al contexto social en el que se crea y se desarrolla. Cada idioma se fue constituyendo bajo distintas normas, convenciones y negociaciones cotidianas. Las palabras de cada lengua se formaron de acuerdo con la compleja interacción humana relacionada con las formas de nombrar, visibilizar, utilizar y hasta olvidar ciertos aspectos. A partir de aquí, reflexionemos.

¿Por qué se estableció el masculino como genérico?

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Tomada de: eluniversal.com.mx
En una entrevista hecha a Patricia Córdova Abundis, publicada en El Informador, se establece que “desde el siglo XIII en adelante, se fue instaurando el uso del masculino como genérico, por lo tanto quedó este morfema como no marcado”, ante la pregunta de por qué no fue el femenino el utilizado como morfema no marcado, Patricia responde que esto obedece a que la mujer no estaba en los puestos de poder.
Entonces, podemos afirmar que el lenguaje es una construcción que tiene que ver con la política, en el entendido de las relaciones de poder en todos los niveles sociales. También contiene algunos pactos económicos en varios sentidos, así como enseñanzas morales y de comportamiento individual y colectivo. En específico, la lengua española es una de las más reglamentadas y con mayor tradición en la codificación de su gramática. La Real Academia de la Lengua Española lleva siglos de ordenamiento y es la máxima norma en nuestro idioma. Aunque pareciera algo inamovible, nosotras mismas hemos atestiguado algunos cambios en las reglas gramaticales a lo largo de nuestras vidas. Recordemos cuando se popularizó que las mayúsculas tenían que llevar acento gráfico -o tilde- y cuando éste se les quitó a algunas palabras, como fue lo que ocurrió gracias a una reunión de los intelectuales de la RAE en 2010 (Aquí pueden leer una nota sobre esos cambios).  Si bien, ya estaba reglamentada la tilde para las mayúsculas, le adjudicaron a la imprenta y a sus reducidos espacios que los acentos gráficos no se llevaran a la práctica. Ése es un ejemplo de un acuerdo tanto oral como escrito que no fue inamovible.
De manera que lo que los grandes eruditos nos dictan como gramatical o agramatical no es más que una serie de convenciones que responden a su momento histórico y a discusiones de altos conocimientos del lenguaje, de sus procesos y sus adaptaciones, pero también del uso del poder entre ellos, que luego se imponen como normas. El uso del masculino como genérico es un caso de estas imposiciones, por lo que argumentar que es lo correcto per se, resulta impreciso. Sin embargo, algunas personas expertas en literatura, filología y demás temas específicos arguyen que el “género masculino” en la lengua española es el “neutral” y el que abarca a la población en general. Sorprende que aun con sus conocimientos y reflexiones no se pregunten precisamente la interrogante que se le hizo a Patricia en la entrevista ya mencionada, es decir, por qué el masculino es el que, aparentemente, nos comprehende a todas las personas.
De aquí se desprende otra pregunta, ¿por qué la humanidad entera debe definirse en torno al varón como ente dominante? Y nos toca ir más allá: ¿por qué no ocurrió en algún momento de la historia que el femenino se hubiera tomado como la generalidad incluyente? ¿Desde qué postura y con qué objetivo se considera que el género masculino nos represente a todas? Un ejemplo claro lo tenemos en el hecho de que cuando se quiere hablar de la humanidad o del ser humano, muchas veces se utiliza el concepto “el hombre”, que pretende abarcar tanto a hombres como a mujeres, ante lo que resaltan las preguntas que nos venimos haciendo, ¿quiénes decidieron nombrar así a la especie humana? Se ha utilizado una noción que hace referencia al varón, quien ha detentado el poder durante siglos y que además ha impuesto en el discurso científico estas referencias a su poder, recordemos el concepto “los hombres de ciencia” que por tanto tiempo fue utilizado.  
El lenguaje, se desprende de todo lo anterior, tiene un componente político que es innegable. Retomamos la frase feminista de la segunda ola: “lo personal es político”, para ejemplificar y reivindicar que, en todo caso, también el lenguaje es político; su uso cotidiano construye relaciones de poder y por lo tanto discriminación, opresión y privilegios específicos. La diferencia sexual también se plasma en la diferencia lingüística y en cómo se define una persona en tanto su sexo y/o su género.[1] Ya algunas historiadoras han recalcado la importancia de hacer visibles a las mujeres donde las habían borrado sistemáticamente. Tanto en las fuentes como en el relato historiográfico, muchas mujeres fueron invisibilizadas porque no era conveniente su presencia para la historia que los hombres han hecho a lo largo de los siglos. Michelle Perrot y Joan Scott lo han documentado a lo largo de sus investigaciones y han encontrado la complejidad de las relaciones de poder que están implicadas en la historia oficial; no sólo oprimiendo a las mujeres, sino también a otros grupos sociales dominados en el orden patriarcal.
         En el caso de la historia del arte, tenemos a Patricia Mayayo, que es autora de un libro donde se expone la situación de muchas mujeres creadoras que vieron minimizados sus logros, que tuvieron que firmar sus obras con seudónimo para poder ser comercializadas o que quedaron a la sombra de sus pares masculinos, a quienes se les prestaba más importancia, simplemente por el hecho de ser hombres. Cuestiona también el uso de “genio”, palabra asociada tradicionalmente a los hombres. (Aquí pueden encontrar información sobre su texto titulado: Historias de mujeres, historias del arte). Más allá de señalar esto, lo importante es hacer consciente el hecho de que utilizar conceptos como “hombres de ciencia” en sustitución de comunidad científica, “el hombre” como sinónimo de ser humano o cualquier genérico masculino, contribuye a invisibilizar a las mujeres y es, junto con todo un conjunto de prácticas, una manera de perpetuar las desigualdades entre hombres y mujeres.
En las últimas décadas algunos gobiernos han tomado algunas demandas feministas para ponerlas en práctica en políticas públicas que pueden ser tomadas como “políticamente correctas”. Desde los años 80 en España, por ejemplo, ya se habían establecido resoluciones y textos que atacaban el sexismo en el lenguaje y regulaban la inclusión.[2] Pero estos acuerdos se convierten en lo mismo que hace la RAE: normas que pocas veces tienen anclaje en la cotidianidad del uso del poder. En el caso del gobierno federal mexicano, se han elaborado varias guías de cómo usar lenguaje incluyente que resultan bastante claras y dinámicas. (Aquí un ejemplo). No podemos dejar de reconocer el trabajo que está detrás de un texto así, pues implicó la insistencia en el problema de la exclusión y la opresión. Sin embargo, las resoluciones a que llegó no son conocidas ni por todos los funcionarios públicos ni por toda la ciudadanía. Tampoco puede considerarse un reflejo de la vida cotidiana, puesto que los juegos de poder aún están dominados por los hombres, incluso en el lenguaje.

Entonces, ¿cómo poner en marcha un lenguaje incluyente?

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Tomada de: miradordeatarfe.es
Podemos esbozar cuatro propuestas comunes a la hora de poner en marcha el lenguaje incluyente desde distintas perspectivas. Una es utilizar "todas y todos", incluir lo femenino y lo masculino en cada oración que lleve esas referencias. Esta propuesta se ha discutido bastante. La incomodidad con la RAE y otros eruditos nos lleva a la acalorada discusión sobre lo que llaman “economía del lenguaje” y que, realmente, se trata de algo reciente. En el siglo XIX mientras más rimbombante sonara el inicio de un documento civil o eclesiástico, era mejor visto tanto por escribanos como por abogados e incluso académicos de la lengua española. Así que pareciera que apelar a una economía del lenguaje, tiene más que ver con mantener los paradigmas del género masculino como “neutral” y a las pocas ganas que algunos personajes tienen de reflexionar sobre las implicaciones políticas de esto.
La segunda propuesta aboga por feminizar lo que hasta hoy se ha considerado como “neutral masculino” y hablar de humanidad en vez de humanos, de priorizar a las mujeres en la generalidad e incluso de decir "todas" en vez de "todos". Desde hace algunas décadas, algunos colectivos feministas han propuesto que en un grupo conformado mayoritariamente por mujeres, lo correcto es utilizar el femenino como genérico, por ejemplo, si asistimos a una reunión donde hay ocho mujeres y dos hombres (o cualquier otra proporción en la que sea mayor el número de mujeres que de hombres) saludaríamos con un “buenos días a todas”, entendiéndose que se incluye también a los hombres presentes.
La tercera propuesta es el uso de la "x" en los generales: “todxs”, “profesorxs”, etc. Esta medida se ha popularizado en redes sociales. Aunque la policía de la RAE venga y nos sancione porque es algo “impronunciable”, habría que decir que las letras tienen distintos significados y significantes a lo largo de la historia. Las palabras que hoy pronunciamos en algún momento fueron impronunciables, así como hay palabras antiguas que hoy no las sabemos decir. Por ejemplo, en el castellano del siglo XVIII se usaba la "f" en vez de la "s"; hay documentos que al paleografiar se tiene que traducir porque no se puede pronunciar “afta” que es un “hasta”. En otros casos como el de la "v" como "u"(que puede relacionarse con el latín) no podemos leer “qve” porque para nosotros lo “gramaticalmente correcto” -en el siglo XXI- es "que", y así se pueden encontrar más casos comunes de variaciones en el mismo idioma.
La última propuesta, un poco más propagada que las anteriores, es el uso de la "e" para lo neutral. Así, encontramos un “todes”, un “muches”. Aunque cuidado, no se trata de agregarle una “e” o una “x” a todas las palabras, sino específicamente a las que conllevan un colectivo, una generalidad o una relación de poder y ahí es donde toca usar el cerebro para ver más allá de las letras. No estamos hablando de ridiculizar la oralidad o la escritura al mencionar “tarjeta y tarjeto” o “pantalla y pantallo”, ni otros ejemplos poco pensados cuando algunos intentan demeritar la lucha feminista por el lenguaje incluyente. El objetivo es dejar claro cuál es el problema de la invisibilidad de lo femenino en el lenguaje, analizar por qué lo “neutral” es el género masculino y entonces proponer nuevas formas que incluyan de verdad a la población en general y a todas las personas en su totalidad. Porque no estamos hablando de cosas, ni de lugares o paisajes, estamos hablando de buena parte de la humanidad que gracias a los distintos mecanismos culturales, políticos y económicos ha sido oprimida en aras de la “homogeneización” que no es otra cosa que la naturalización del poder patriarcal.
En cuanto al uso de las palabras neutrales, un caso significativo que podemos mencionar es el de Suecia, país que, en 2015, oficializó en el diccionario de la lengua sueca el pronombre “hen”, una adaptación del finés “hän” -pronombre neutral que existe en este idioma desde hace siglos-, cuyo uso se popularizó entre los jóvenes para hablar de una persona de la que no conocemos su género o en un contexto en que no es necesario o importante especificarlo. (Aquí la nota).
Finalmente, hay que reconocer que tanto el lenguaje como las posiciones políticas que reivindicamos son complejas y diversas. Tal vez, el primer paso para abrir la discusión sobre el lenguaje sexista y el lenguaje incluyente es sembrar dudas. Así como los feminismos han cuestionado toda clase de roles culturales y sociales en distintas latitudes y periodos de la historia, del mismo modo hay que cuestionar los significados y las atribuciones que están detrás del lenguaje. Probablemente, también esos cuestionamientos sean parte de las grandes contribuciones feministas a la crítica cultural, porque lo que no se nombra no existe y si se nombra en femenino incomoda, replantea y, en el mejor de los casos, nos mueve al empoderamiento.
Les invitamos a reflexionar que el lenguaje es un ente vivo, que está en constante transformación y que estas modificaciones son hechas por sus mismos hablantes. Los diccionarios, como marco normativo, son útiles y se encargan de recoger una serie de reglas para el uso del lenguaje, pero son los hablantes los que, a final de cuentas, determinan los cambios que su propia lengua irá sufriendo, pues el uso se impone sobre las reglas escritas. Consideramos necesario cuestionarnos el masculino como genérico, más allá de las normas establecidas, ya que el lenguaje configura realidades y también nuestra percepción del mundo. Cómo hablamos y cómo designamos lo que nos rodea influye mucho en nuestra relación con el entorno, plantearse un idioma en el que se incluya a ambos géneros cuando de generalidades se trata no es una cuestión banal, y no es tampoco una demanda que sustituya o se contraponga a otras como el acceso a salarios equitativos o cualquiera relacionada con las luchas de género.
Ser capaces de deconstruirnos y reconfigurarnos, empezando por el lenguaje, nos permitirá visibilizar todo aquello que ha sido dejado al margen y a partir de ahí, relacionarnos de manera más justa entre todos los miembros de la sociedad.

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Tomada de: lasillavacia.com



Hilda Monraz e Inés M. Michel.
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PlasmArte Ideas, septiembre, 2018.
Twitter: @plasmarteideas
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*COCTEL DE LETRAS es coordinada por Inés M. Michel. 
[Las letras le han salvado de los hombres grises en innumerables ocasiones. 
Fiel lectora de Ende y de un sinfín de historias fantásticas y de terror. 
Casiopea es su guía y confidente.]

Contacto: inesm.michel@gmail.com











[1] Amparo Tusón Valls, "Diferencia sexual y diversidad lingüística," en ¿Iguales o diferentes?: Género, diferencia sexual, lenguaje y educación (Barcelona: Paidós, 1999).
[2] Ana Mañeru, "Nombrar en femenino y en masculino," en ¿Iguales o diferentes?: género, diferencias sexual, lenguaje y educación, ed. Carlos Lomas (Barcelona: Paidós, 1999).

martes, 1 de noviembre de 2016

COCTEL DE LETRAS | Andrología: Simbología andrógina

[Sección coordinada por Inés M. Michel*]





[Colaboración de Judith Rosas]


ANDROLOGÍA

Ανδρολογία

SIMBOLOGÍA ANDRÓGINA


Hay diferentes tradiciones de estudio que han evolucionado en distintos campos conocimiento, por ejemplo, los símbolos alquímicos y la literatura ocultista. La existencia de los vestigios de estas viejas tradiciones nos hablan del simbolismo del hombre andrógino.

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REBIS es una figura humana de dos cabezas -una masculina y otra femenina-. Se trata de una representación de balance perfecto entre las fuerzas masculinas y femeninas, mismas que residen en el cuerpo humano. Por encima de la cabeza de la mujer encontramos el símbolo de la luna (cuerpo cósmico relacionado con lo femenino), y por encima de la cabeza del hombre se encuentra el sol (cuerpo cósmico relacionado con la masculinidad). Presagio del estado andrógino de la humanidad en las tradiciones del conocimiento ocultista.

La figura sostiene en una mano el triángulo (compás), que representa la fuerza masculina, se relaciona con el número 3. En la otra mano sostiene una escuadra relacionada con el número 4. Ambos suman el número 7, siendo este un número de poder en la ciencia cabalística, que significa el completo equilibrio o el descanso después de una larga y ardua jornada, tal como lo describe la tradición del catolicismo en la biblia, donde le ordena al hombre trabajar 6 días y al séptimo día descansar.

¿Qué relación y pertinencia puede guardar todo un análisis respaldado en conocimientos ya casi olvidados? Desde mi óptica, volver hacia los conocimientos pilares de la ciencias que ahora son aceptadas como la voz de la razón, nos dará una perspectiva nueva, revelando un origen en común que suena a una historia de génesis, y que en nuestro tiempo solo forma parte de elaboradas ficciones.

La simbología del número 7, presente en el REBIS, tiene que ver con alcanzar el alto desarrollo surgido en la humanidad al término de seis Razas Raíz que surgen de la cuarta Revolución del Período Terrestre: Polar, Hiperbórea, Lemuriana, Atlante, la actual Quinta Raza, y, en la Sexta Gran Raza, se cumplirán las mixturas raciales, así se completará el desarrollo de la humanidad, dando pie a la última etapa, donde no se enfrenta una naturaleza dual, sino que los humanos alcanzan la unidad espiritual en sí mismos.

Esa unidad se simboliza en el Andrógino espiritual que se convierte en tal, no por la carne mortal sino por el “poder” desarrollado por el Espíritu doble que reside en el cerebro. De aquí el símbolo de las dos cabezas, que representa el total y completo florecimiento de ambos hemisferios del cerebro, permitiendo una forma nueva de creación, que parte de la
Tomada de:
reddit.com/r/chiliadmystery
Mente, el Amor y la Palabra.

Observamos que el andrógino esta parado sobre el cuerpo de lo que parece ser una feroz serpiente que indica todas la fases del materialismo y la sexualidad, representando los atributos de hombre mortal que han sido elevados y transmutados en espíritu.

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El Andrógino Espiritual representa en este somero análisis simbólico la aspiración última de transmutar nuestros atributos de mortalidad, para así pensar con el corazón y amar con la mente.




Judith Rosas

PlasmArte Ideas, noviembre, 2016

Twitter: @plasmarteideas



COCTEL DE LETRAS es coordinada por Inés M. Michel 

[*Egresada del Instituto de Ciencias, generación 100, (100cias100pre). 
Las letras me han salvado de los hombres grises en innumerables ocasiones. 
Fiel lectora de Ende y de un sinfín de historias fantásticas y de terror. 
Casiopea es mi guía y confidente.]

Contacto: inesm.michel@gmail.com












martes, 19 de mayo de 2015

PLASMARTE RADIO: La teoría queer y su relación con el arte



[El viernes 8 de mayo, se transmitió el segundo programa de PlasmArte Radio , dedicado a la teoría queer, de dicho programa se desprende este texto]



La teoría queer y su relación con la otredad

Desde mi área, Coctel de letras, me propuse una tarea compleja, hablar de lo queer y de las identidades de género, desde una perspectiva feminista y también con una postura crítica; lo primero que llegó a mis manos fue un fanzine llamado Queer ultraviolence, y leyéndolo me asaltaron muchas ideas, por la furia con que está escrito, y por la potente denuncia que a través de sus páginas hace, hablando de los asesinatos, la tortura y el maltrato psicológico que sufren día con día aquellos sujetos distintos, en el sentido más amplio del término.

Distintos por sus opciones de vida, por oponerse abiertamente a lo establecido, al régimen de lo normal. Por ello el concepto queer que tiene como vocablo distintas acepciones, nos introduce a un mundo distinto, un mundo vasto donde la normalidad es cuestionada, permanente enfrentada y con ello desata el escándalo, la condena, el rechazo de quienes se sienten en peligro, “las prácticas queer se apoyan en la noción de desestabilizar normas que están aparentemente fijas”, nos dice La teoría queer, un artículo en el que ahondaré más adelante.

¿Por qué yo me identifico como mujer (o no)? ¿Por qué mi rol en sociedad está condicionado no solo por la educación recibida en casa sino por una serie de factores sociales, políticos, económicos, morales, religiosos que exceden a mi condición biológica?

La teoría queer, una elaboración teórica de la disidencia sexual y un planteamiento que deconstruye las identidades estigmatizadas, resignifica el insulto (queer ha sido traducido como maricón, gay, homosexual), y reafirma la opción sexual distinta.



A partir de esto y gracias a otro texto que llegó a mis manos, un artículo de la revista Sociológica, titulado La teoría queer: la de-construcción de las sexualidades periféricas[1],  mi acercamiento con este tema, me llevó a autores que he leído anteriormente y que desde sus propias líneas de trabajo, exploraron las relaciones de poder, las complicadas relaciones humanas y las identidades de género, uno de ellos Foucault, quien el año de su muerte (1984), decía que había dedicado los últimos veinte años de su trabajo, no tanto a las relaciones del poder sino a hablar sobre los sujetos.[2]

Lo queer y la revolución

En el texto de Sociológica encontré una referencia que de inmediato me atrapó, una mención a un movimiento llamado Lesbian Avengers, por lo que pedí a David, coordinador de Ensalada Freak, me ayudara en esta tarea, hablando un poco sobre lo particular del nombre;  David respondió mandándome este texto, que además de ayudarme, introduce algo del orden de la actualidad[3]:


Cualquier conocedor o lector de cómics sabe quiénes son THE AVENGERS (Los Vengadores), un grupo de superhéroes reunidos en los años sesenta para combatir cualquier fuerza que amenazara  al mundo. Este grupo de poderosos personajes fue la respuesta de la compañía editorial Marvel a la legendaria LIGA DE LA JUSTICIA de su rival comercial DC COMICS. Los Vengadores comenzaron su lucha contra el mal bajo la idea de que enfrentarían a los enemigos que ningún héroe podría derrotar solo; en pocas palabras, la fuerza vendría de la unión. Bueno, con la reciente aparición de la segunda parte cinematográfica de THE AVENGERS: THE AGE OF ULTRON, en prácticamente todos los cines de la ciudad, me parece oportuno hablar de otro grupo no tan súperpoderoso  pero creo sí, muy heroico, que lucha no contra súpervillanos, sino contra juicios morales e ideas preconcebidas: LESBIAN AVENGERS. LA, es una organización de acción directa fundada en el año de 1992 en la ciudad de Nueva York por un grupo de activistas lesbianas que había estado trabajando desde hacia tiempo en grupos diversos LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transexuales). Este grupo de acción tiene como propósito sacar a la luz y dejar de lado la discreción que se ha tenido en temáticas relacionadas con los grupos de lesbianas, poniendo de manifiesto que ellas existen, están allí y no tienen miedo de mostrar sus preferencias y gustos personales como cualquier otra persona a la sociedad. Aunque en su página de internet no encuentro referencias directas entre THE AVENGERS y  LESBIAN AVENGERS, no deja de ser curioso que  ambos grupos se formaron y  tienen como base principal de operaciones la ciudad de Nueva York, donde por cierto viven infinidad de superhéroes del universo Marvel, por otro lado entre sus gritos de batalla, LESBIAN AVENGERS recurre a la frase: “Lesbianas, mujeres homosexuales únanse”, lema parecido al de batalla de THE AVENGERS en los cómics (“Vengadores unidos”), por último y aunque más sutil, como ya se dijo, THE AVENGERS se formaron para combatir enemigos y fuerzas que por separado, ningún héroe podría vencer, así que la invitación a unirse entre todas las lesbianas y grupos de mujeres homosexuales ante el gran enemigo que es el prejuicio resulta interesante y hasta heroico.

Aquí me encuentro de nuevo con una coincidencia que es muy interesante y tema también de Coctel de letras, hablo de las palabras y como las que elegimos para nombrar las cosas o nombrarnos a nosotros mismos, importan y mucho. En este caso, las chicas de Lesbian Avengers, llevan en el nombre una intención interesante, quizá habría que preguntarles a ellas directamente, sobre esta coincidencia con los Avengers, esta liga de vengadores, que buscan justicia y que hacen de la unión su mayor fuerza, pero lo que es claro, con el texto de David, es que consciente o no, intencional o no, usan un nombre que desde él mismo, otorga fuerza a su premisa, y las coloca en una batalla que ellas mismas, juntas, decidieron dar.

Observaciones

Este texto representa apenas un esbozo de lo que se planteó el 8 de mayo en el segundo programa de PlasmArte Radio, donde presentamos la entrevista que nos fue concedida por el psicoanalista Helí Morales, quien nos ayudó a poner elementos sobre la mesa para entender la teoría queer, y los estudios que la anteceden. Así, queremos servir de enlace para replantear los problemáticos roles de género que siguen siendo un tema difícil de abordar no solo por su complejidad, sino por todo lo que mueve en los individuos y en la colectividad heteropatriarcal, capitalista y neoliberal.

Los retos para mí que conduje el programa, son muchos, uno de ellos implicó hablar de lo que me gusta, lo que me llevó a prepararme lo más posible, pero también, dejar de lado el aura experta y academicista, que está tan presente en la discusión de casi cualquier tema; por ello, simplemente me presento como Inés, alguien que se hizo desde niña muchas preguntas, (como Sor Juana Inés se las hizo), en el nombre (mi nombre) llevaba ya un significado fuerte; y como alguien que muchos años después de las preguntas de esa niña, está tercamente aferrada a solo hacer en este mundo lo que le place, colabora en un programa de radio, habla y escribe de la teoría queer, sin saber demasiado, pero sí convencida, de que esta teoría, esta forma de pensar, nos permite pensarnos distinto, no solo a mí, a todxs como humanos.


Helí Morales, Inés M. Michel, Víctor D. Magallón
Descarga el podcast del programa y escucha la colaboración especial del psicoanalista Helí Morales, aquí: Podcast PlasmArte Radio



Inés M. Michel
PlasmArte Ideas, mayo 2015

FB: PlasmArte Ideas
Twitter: @plasmarteideas








[1] Carlos Fonseca Hernández y María Luisa Quintero.
[2] Seminario Sujeto en tiempos de violencia, impartido por Helí Morales.
[3] David A. Becerra, coordinador de Ensalada Freak, de la plataforma PlasmArte.