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martes, 22 de noviembre de 2016

COCTEL DE LETRAS | Textura: Lencería para rebeldes

[Sección coordinada por Inés M. Michel*]





[Columna de Casandra E.G. Alvarado
Colaboración especial de Dara Zamora]



Últimamente hemos visto un auge respecto al uso de lencería, desde el  brassier  hasta los populares bralettes, que se volvieron un must para los festivales de música, convirtiendo a la pieza que siempre había estado oculta en una pieza expuesta y que se lleva sin ninguna preocupación.

El portar una de estas piezas sin que otra la cubra es algo que denota en la mujer esa libertad de espíritu y seguridad, pues enmarca una de nuestras partes más sensibles e íntimas.

Desde  que el bralette se volvió indispensable para el guardarropa de las fashionistas, consagrándose como tendencia global, han surgido infinidad de marcas que presentan una nueva propuesta para lencería,  dejando de lado el romántico encaje, los diseñadores ahora experimentan más con las líneas, telas y cortes para estas prendas.

En esta ocasión hablaré de THE END, creada por la diseñadora Bei Kuo, una marca de New York con una personalidad que definiría como la de una chica rebelde, pues su diseño incluye grandes cortes en estas, de por sí ya pequeñas, prendas y decoradas simulando un piercing en los pezones.

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Tomada de: theendlingerie.com

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Algo que hace destacar esta marca es su estética, que es todo un hit entre las asiáticas.

Si entras a su cuenta de Instagram verás que sus fotografías derrochan sensualidad pero no una tierna sino una imponente, les otorga a las mujeres cierto poder, con poses provocativas que denotan el ingenio para cuidar la fotografía pues en ningún momento se ve vulgar; es una marca  relativamente nueva con personalidad muy definida, con un storytelling impresionante en el concepto, en el diseño y hasta en los materiales.

Otra de las cosas que remarca THE END es el cuidado que tienen sobre el ambiente pues dicen en su manifiesto "environment-friendly wear can be fun and naughty."

Una marca muy singular que te permite experimentar de otra manera el uso de estas prendas tan indispensables, sin duda nos da la oportunidad de dar un giro en lo que usamos diario y si querías hacerte un piercing en los pezones a la  Kendall Jenner y no te animabas, ahora es tu oportunidad de lucir uno sin sufrir.

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Tomada de: theendlingerie.com




Dara Zamora

PlasmArte Ideas, noviembre, 2016

Twitter: @plasmarteideas



COCTEL DE LETRAS es coordinada por Inés M. Michel 

[*Egresada del Instituto de Ciencias, generación 100, (100cias100pre). 
Las letras me han salvado de los hombres grises en innumerables ocasiones. 
Fiel lectora de Ende y de un sinfín de historias fantásticas y de terror. 
Casiopea es mi guía y confidente.]

Contacto: inesm.michel@gmail.com












martes, 17 de mayo de 2016

COCTEL DE LETRAS | Textura: Saber ver


[Sección coordinada por Inés M. Michel*]





[Colaboración de Casandra E.G. Alvarado]




(…) De repente me pregunto por qué tengo que contar esto, pero si uno empezara a preguntarse por qué hace todo lo que hace, si uno se preguntara solamente por qué acepta una invitación a cenar (ahora pasa una paloma, y me parece que un gorrión) o por qué cuando alguien nos ha contado un buen cuento, en seguida empieza como una cosquilla en el estómago y no se está tranquilo hasta entrar en la oficina de al lado y contar a su vez el cuento; recién entonces uno está bien, está contento y puede volverse a su trabajo (…) Julio Cortázar.



     En definitiva, no se qué haría si me faltará alguno de los cinco sentidos; algunas veces, como ejercicio de percepción pido a mis alumnos que elijan uno de sus cinco sentidos y redacten un ensayo sobre cómo sería un día sin él. Cuando uno se involucra con el diseño, todos y cada uno de los mecanismos del cuerpo provocan la experiencia sensorial que invita a la creación, sin embargo es la vista primordial, (sin demeritar a los demás sentidos, vaya). Saber ver es básico.

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Hace casi sesenta años, Sergio Larraín, fotógrafo chileno, contó a Julio Cortázar una de sus experiencias sobre el saber ver; un acontecimiento cerca de Notre Dame que descubrió y contempló solo después de revelar la fotografía. El mismo año en que Larraín pasó a formar parte de la famosa agencia Magnum, el escritor argentino publicó en Las armas secretas el cuento “Las babas del diablo” (1959), inspirado en el acontecimiento vivenciado por Larraín en París.
La maravillosa historia que Cortázar narra, pone al lector desde el inicio en la disputa del saber contar, saber leer y claro el saber ver, no muy alejado de la esencia del chileno, que si bien, su trayectoria no se relaciona con la portadas y editoriales de moda, en su obra si enfrenta al espectador a la constante…, saber ver.

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La pequeña anécdota de uno de los fotógrafos más crudos y certeros de América Latina, detonó la necesidad de abordar el concepto y recontar el suceso, ahora en 1966, cuando Michelangelo Antonioni, tomó como base el cuento de Cortázar para recrear la historia desde su lente. En la versión de Antonioni, es un fotógrafo de moda quien vivencia la premisa del “saber ver”. El filme, el cuento y la foto, nacen de una simple necesidad: Captar la realidad, la ver-dad, promo-ver los distintos ángulos de un suceso que puede ser tan cotidiano o tan extraordinario según como se obser-ve.

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Y vaya, todo este soliloquio con aroma a nada se desprende de una simple acontecimiento, en el transcurso de los últimos días me he dado cuenta que la vista me ha comenzado a fallar, he despertado con la idea de “qué haría si no pudiera ver”. Por supuesto que no les pienso contar de qué va la anécdota de Larraín, o la manera en que Cortázar la cuenta, ni la sinopsis del filme de Antonioni (digo, también es bastante conocido por todos), pero les dejo una probada nada más para ver que sucede.


Link de Magnum en donde pueden encontrar la obra de Larraín.





Casandra E.G. Alvarado
@SacDoravaal
PlasmArte Ideas, mayo, 2016

Twitter: @plasmarteideas



COCTEL DE LETRAS es coordinada por Inés M. Michel 

[*Egresada del Instituto de Ciencias, generación 100, (100cias100pre). 
Las letras me han salvado de los hombres grises en innumerables ocasiones. 
Fiel lectora de Ende y de un sinfín de historias fantásticas y de terror. 
Casiopea es mi guía y confidente.]

Contacto: inesm.michel@gmail.com
















jueves, 5 de noviembre de 2015

MOUSSE MEDIA | Una apología a la Techné


[Sección a cargo de Víctor D. Magallón*]














[Ponencia presentada en la mesa de diálogo El Artesano, El Diseñador & El Artista, el 5 de noviembre de 2015]



Antes de comenzar esta charla me gustaría definir primero qué estamos entendiendo como “Arte”. Como historiador del arte quisiera hacer una distinción clara entre las narrativas existentes en lo que concebimos con esta palabra. Arte en relación con las llamadas bellas artes, (pintura, escultura, arquitectura), aquellas que representan los valores humanos y en donde los sentidos son parte de esta concepción, muy ligada a la alta cultura donde la dicotomía bárbaro-civilizado es parte de esta narrativa  o Arte como un producto cultural de comunicación, en el cual los aspectos de relación con la cultura y la historia  juegan un papel sumamente importante. Y es que pareciera ser que la historia del arte  sigue tomando como objeto de estudio una narrativa heredada de occidente del siglo XVIII, en donde los aspectos de forma importan más que el producto, en donde lo estético es un medio sutil para educar a la barbarie, es decir, como “el concepto de arte antes que el producto”. Introduciendo una estética  que  en la actualidad nos parece cada vez mas desfasada, pues el discurso de la historia del arte se quedó "en un pasado que se niega a ser historia" (Medina, Cuauhtémoc. 2015), en un discurso enaltecedor de lo pretérito  como única vía para encontrar la armonía del presente.  Al perecer la historia del arte “se nos presenta como un mecanismo para redefinir un proyecto positivista fracasado” (Garcia, Soledad. 2015). Un engranaje aceitado que sigue replicando una hegemonía política. 

Este sesgo nos impide observar a la artesanía con un punto de vista crítico y estetizante, que en esencia se compone de la misma manera que una “gran obra de arte”, pues la naturaleza fáctil, poyética de todo arte, esta vinculación con lo esencial, con la técnica, vale para el artista lo mismo que para el artesano. Y es que si nos remontamos hacia la época clásica, el concepto genérico de arte: el de ars latina, correspondiente a la techné griega era designado indiferentemente al oficio del carpintero, del constructor, del tejedor alfarero, del pintor, del poeta. Todas coincidían en ser primariamente actividades profesionales, formas de una destreza adquiridas con la práctica. En cuanto hábitos operativos, todas esas artes eran iguales.

Considero que la gran distinción y separación de arte-artesanía ha sido un discurso discriminador y hegemónico que se ha dado a lo largo de los periodos históricos. De una forma que podríamos denominar peyorativa, la artesanía ha funcionado como un aparato estético ajeno a las bellas artes quedando fuera de la narrativa tradicional del arte. Esta genealogía la encontramos propiamente  en el Medioevo con la denominación de artes liberales y artes mecánicas. Las primeras propias de hombres aristocráticos, libres e instruidos que implicaba un ejercicio mental más que manual; tendían a cultivar el espíritu como la música y la poesía; las segundas implicaban el esfuerzo manual de las llamadas hoy artes plásticas. Ya en el siglo XVII la conciencia hedonista de los teóricos del arte que querían salvar su prestigio, muy ajeno a las ciencias y a la moral las definieron  como las bellas artes. 


Las siete artes liberales, Herrand Von Landsberg. Siglo XII


Si bien a lo largo del siglo XX este distanciamiento entre arte-artesanía se agudizó, involucrando a la artesanía como ese mecanismo de otredad, que diferenciaba a las culturas de primer mundo con las tercermundistas y que distanciaba a los países montados en el tren del progreso (solo como referencia recordemos el libro Tesoros del arte popular mexicano de la Colección Nelson Rockefeller), hay que reiterar que en los últimos años ha habido mayor cercanía entre ambos modos de tratar esas formas de expresión. 


Tesoros del arte popular mexicano. Colección Nelson Rockefeller. 1978



Las relativamente nuevas epistemologías que se impregnaron en las ciencias sociales como los estudios subalternos, los estudios poscoloniales y los estudios de género han dado un fresco respiro y una salida a la ya tan desgastada forma de teorizar en la historia del arte; lo que ha generado la búsqueda de nuevas estéticas que nos puede ayudar a forjar nuevas concepciones, nuevas líneas narrativas de lo que denominamos arte-artesanía y desvanecer esa estrecha frontera que solo existe para la especulación entre ambas denominaciones. En la realidad existencial, el artesano es frecuentemente un verdadero artista y al contrario, el que se arroga derechos de artistas frecuentemente ni siquiera es un buen artesano. 


Si bien, mi intención específica no es enaltecer a la artesanía como un gran dispositivo estético, sí es importante generar discusiones para encontrar los lazos que unen al arte y la artesanía, crear nuevas directrices para seguir ese entramado estético que comparten ambos aparatos culturales, valorarlos de diferente manera y tener un acercamiento diferente al contemplarlos, proyectando un discurso ajeno a la narrativa heredada, ya que, de lo contrario, caeríamos en el  riesgo de parecer seres acomplejados tratando de valorizar ese largo proyecto no cumplido de la estética tradicional.




Víctor D. Magallón 

PlasmArte Ideas, noviembre, 2015

FB: PlasmArte Ideas

Twitter: @plasmarteideas











*Mousse Media, está a cargo de Víctor D. Magallón

[Cafeinómano y fiel defensor del código de los caballeros pizza. 
Gusta de realizar sesudos análisis en busca de la última temporada de 
Los Simpson que haya valido la pena.] 

Contacto: victor.dmagallon@gmail.com