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martes, 26 de julio de 2016

COCTEL DE LETRAS | Poemas inéditos: Ingrid Valencia


[Sección coordinada por Inés M. Michel*]






[Colaboración de Ingrid Valencia]






Suyo es el mar

Los niños cantan y el verde
se apropia de la espina.

Suyo es el mar.

La fábrica de carne
hurga en el desperdicio,

el olor de los peces
humea el puerto,


desde aquí veo zarpar
la cadena, la mercancía,

la oración de la enfermedad
y la masacre.

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Tomada de: lanubedospuntocero.files.wordpress









Estoy mirándome partir

Estoy detrás de mí
y es largo el trayecto.

El aire cautivo
reúne las bocas
en otra parte.

El agua dentada
encierra mis ojos
y abre una puerta.

Estoy mirándome partir.

Allá donde sonríe un huésped
con más suerte que yo.

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PlasmArte Ideas, julio, 2016

Twitter: @plasmarteideas



COCTEL DE LETRAS es coordinada por Inés M. Michel 

[*Egresada del Instituto de Ciencias, generación 100, (100cias100pre). 
Las letras me han salvado de los hombres grises en innumerables ocasiones. 
Fiel lectora de Ende y de un sinfín de historias fantásticas y de terror. 
Casiopea es mi guía y confidente.]

Contacto: inesm.michel@gmail.com













martes, 9 de febrero de 2016

COCTEL DE LETRAS | Contracorriente verde: Mosquitos terribles

[Sección a cargo de Inés M. Michel*]









[Colaboración de Alejandro Juárez*]


Imagen tomada de: Crónica Viva


Hay personas que niegan la realidad por más que las muerda. O las pique, que para el caso puede ser peor. Además del dengue,  enfermedad que llegó para quedarse, tenemos al recién desempacado zika, con su secuela de afectaciones a la salud: calentura, malestar general, dolor de cabeza y en el interior de los ojos, así como en músculos y articulaciones. 

Investigadores de la salud y especialistas ambientales han señalado desde 2002  el riesgo de incremento de enfermedades transmitidas por mosquitos (dengue, paludismo, chikungunya y el reciente zika, entre otros) debido al calentamiento global. La Organización Mundial de la Salud emitió un comunicado en 2013 en el que exhorta a los gobiernos de América Latina a mejorar sus sistemas de salud, ya que 500 millones de personas podrían contagiarse de dengue. En el caso del zika, las últimas cifras reportan ya 4 millones de casos en Brasil, y la presencia de la enfermedad en otros 14 países latinoamericanos, incluyendo México.

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El dengue no es nuevo en nuestro país: en 1963, tras una intensa campaña de control se le consideró erradicado del territorio nacional. Sin embargo en 1970 se extendió de nueva cuenta, primero en el sur del país y después subió hacia el norte, siguiendo la ruta de los estados aledaños al mar. A fines de la década de los noventa el número de casos de dengue en lugares alejados de la costa comenzó a incrementarse, al punto de generar brotes epidémicos en ciudades como Guadalajara (en 2013 se registraron 600 casos en el municipio del mismo nombre y 137 en Zapopan, por ejemplo). En los casos más severos el dengue provoca insuficiencia respiratoria, hemorragias internas y externas, así como crecimiento del hígado. Los glóbulos blancos -encargados de la defensa del cuerpo- disminuyen y el cuerpo puede alcanzar un estado de choque. En ocasiones (afortunadamente muy pocas) el enfermo muere. 

Tanto esta afectación viral como el zika son transmitidos por el mismo mosquito (el Aedes aegypti) a través del piquete que realiza para extraer sangre y  alimentar a sus huevecillos. 

La expansión de esta enfermedad se debe en buena medida al mejoramiento del clima para los mosquitos, por el aumento de temperatura del planeta. Diversos miembros del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU (que agrupa a miles de investigadores de todo el mundo, que recolectan y analizan información para evidenciar el fenómeno) alertan que el riesgo sigue incrementándose, al contar los insectos transmisores con mejores condiciones para completar su ciclo biológico. 

¿Qué hacer entonces? En lo inmediato, reducir las posibilidades de que estos animales se reproduzcan al evitar la acumulación de agua en recipientes, tarjas, canaletas, lavaderos y cacharros. Un lavadero que no se limpie en un par de días se transforma en un paraíso en el que decenas de larvas se agitan con ganas de transformarse en adultos picadores. El uso de mosquiteros y repelentes naturales es otra buena alternativa. El empleo de insecticidas no lo es tanto, ya que a pesar de lo que digan los anuncios comerciales, la mayoría de los productos es tóxica para personas y mascotas. Además, los mosquitos han desarrollado resistencia a estos productos.

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Más allá de eso, la creciente presencia de estas enfermedades es una prueba directa de los efectos del cambio climático en la vida cotidiana, algo que la mayoría de las personas cree lejano. Pero es real y está aquí. Hay que actuar en lo individual y colectivo para controlar las causas: el exceso de gases de invernadero, provocados por la quema de combustibles y la fabricación masiva de productos, muchas veces innecesarios. Los mosquitos, con su molesto zumbido, son pequeños y terribles recordatorios de nuestra falta de acción sobre el tema. 

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*Alejandro Juárez
Consultor internacional en manejo de agua y cuencas; 
Director General del Instituto Corazón de la Tierra.


PlasmArte Ideas, febrero, 2016

FB: PlasmArte Ideas
Twitter: @plasmarteideas



*COCTEL DE LETRAS está a cargo de Inés M. Michel 

[Egresada del Instituto de Ciencias, generación 100, (100cias100pre). 
Las letras me han salvado de los hombres grises en innumerables ocasiones. 
Fiel lectora de Ende y de un sinfín de historias fantásticas y de terror. 
Casiopea es mi guía y confidente.]

Contacto: inesm.michel@gmail.com












martes, 1 de diciembre de 2015

COCTEL DE LETRAS | Contracorriente verde: Reciclar ¿deveras sirve?


[Sección a cargo de Inés M. Michel*]













                                                                                                     [Colaboración de Alejandro Juárez]


Jalisco ocupa el tercer lugar a escala nacional en la producción de basura. En promedio, cada habitante genera un kilo al día, lo que equivale, contando sólo a los habitantes de la Zona Conurbada de Guadalajara a generar 4,400 toneladas de basura al día. Suficiente para cubrir por completo la fuente de la Minerva (toda la rotonda, a siete metros de altura) en una semana.

De esta cantidad, alrededor de la mitad son desechos inorgánicos: papel, cartón, plásticos, metal, vidrio y compuestos mixtos, que usualmente se entregan revueltos al camión recolector. A pesar de que en diversos momentos se han impulsado programas de recolección separada en la Zona Metropolitana de Guadalajara, en general han fracasado debido a la falta de continuidad, las fallas en las rutas de recolección y la falta de campañas adecuadas de involucramiento de la ciudadanía, amén de la escasísima aplicación de sanciones.  Y si se le suman las veleidades de los cambios de administración, tenemos una perfecta receta para desincentivar la participación ciudadana.

Lo que más se recicla en Jalisco es papel y cartón,  seguido de aluminio, vidrio y plástico. Este último representa dificultades porque no se trata de un solo tipo de material: existe el polietileno tereftalato (el famoso PET, usado sobre todo en botellas de bebidas), junto con otros de distintas siglas, el PEAT, PVC, PS, etcétera. Si estos diferentes tipos de plástico se mezclan, el proceso de reciclado se echa a perder. Esto explica por que, a pesar de la labor de pepena realizada en los tiraderos que reciben los desechos de la ciudad, una cantidad importante de estos productos termina justo ahí, ocupando terreno y mezclándose con otros tipos de desechos para generar contaminación del agua, suelo y aire.

Si bien los consumidores tenemos la posibilidad de adquirir productos realizados con plástico reciclado (como utensilios de limpieza: cubetas, escobas, recogedores, entre otros) para lo cual es importante poner atención a las etiquetas, la labor más importante del comprador responsable es generar cada vez menos residuos. Una parte importante de la población ha escuchado hablar de las “Tres R”, correspondientes a Reducción, Reuso y Reciclado. Sin embargo, tanto el público como las instancias de gobierno y las empresas han puesto su atención en el Reciclaje, cuando el más importante es la Reducción, lo que significa producir menos desechos que deban ser reciclados. En este caso, menos es más.

La reducción en la fuente debe ser responsabilidad de la industria petroquímica (fabricante de los diferentes tipos de plásticos), de la industria transformadora (que toma esos plásticos para fabricar los diferentes productos finales), y de quien diseña el envase (envasador). Sin embargo, en la práctica dicha responsabilidad se deja en manos del consumidor, quien debe decidir entre un producto con menos empaque y otro que derrocha materia prima y aumenta innecesariamente el volumen de los residuos. ¿Cuántas veces se compra un producto que es tres, cinco o diez veces más pequeño que los empaques que lo envuelven, los cuáles se convierten automáticamente en basura, una vez que se accede al producto?

Al escoger productos con menos envoltura se producen menos residuos y se aprovechan mejor los recursos naturales. Recordemos que la producción de plástico consume grandes volúmenes de agua, así como energía que a su vez genera contaminantes que contribuyen al calentamiento global. 

Así que, regresando a la pregunta que da título a este texto, reciclar sirve (y hay que fomentarlo a través de los hábitos de consumo, labor en la que hay mucho campo por arar) pero es aún más importante reducir el volumen, al seleccionar productos con menos empaques. Recordemos que los bonitos plásticos estampados, las cajas de colores y el relleno de bolitas blancas es pagado de nuestro bolsillo, y es desechado tras abrir la caja. Literalmente, estamos tirando dinero a la basura.

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Imagen tomada de: Komunumo - Ver aquí


Alejandro Juárez
PlasmArte Ideas, diciembre, 2015

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