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miércoles, 16 de marzo de 2016

COCTEL Y ENSALADA | Pienso, luego escribo: Bach o Banda El Recodo



[Coctel de letras está a cargo de Inés M. Michel*] [Ensalada Freak está a cargo de David A. Becerra*]





Por única ocasión, la columna Pienso, luego escribo (Inés M. Michel), se publica a nombre de ambas secciones, pues el texto cubre y responde temas surgidos anteriormente en una y otra.










"Hay que inyectarse cada día de fantasía, para no morir de realidad". 

Ray Bradbury.






¡Estoy harta! De la pedantería e hipocresía de quienes se regodean en la superioridad moral y escupen su desprecio usando palabras despectivas para hacer notar, sin explicitarlo, que son mejores. ¿Mejores que quién? Es claro, que esos incultos e ignorantes que gustan del futbol o de celebrar Halloween, que festejan a DiCaprio en la Minerva o en el Ángel (habiendo tantas, tantísimas cosas por las que sufrir y protestar en este país que se hunde...), que escuchan música de banda, que gustan de bailar reggaeton..., es decir, esos que hacen lo contrario a lo considerado "culto, "fino", o "sofisticado". 

(#SnobsEverywhere ¬ ¬).

Mi papá una vez me dijo que no importa qué música escuches, que el problema está en encasillarte en algo y solo saber de eso. Una navidad me regaló dos discos, uno de Britney Spears (Greatest Hits: My Prerogative, 2004), y uno de Sarah Brightman (The Harem World Tour: Live from Las Vegas, 2004). El primero era muy obvio, me encantaba Britney, mi adolescencia estuvo marcada por sus canciones, las que hoy con solo escucharlas me traen muchísimos recuerdos; el segundo se trataba de un gusto que él quiso compartir conmigo, lo que me llevó a descubrir la potente voz de Sarah, ese álbum se mantiene hasta la fecha en mis listas de reproducción frecuentes.

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Guadalajara siempre me ha parecido tan contradictoria. Mucho más que otros sitios del mundo que conozco, más que Ciudad de México, por ejemplo, (recuerden que eso de D.F, se acabó), donde viví por más de una década, una ciudad a la que nunca he dejado del todo pues mi corazón le pertenece en tantos sentidos.

Pertenezco a una clase, (grupo social, o cualquier término que les parezca más adecuado y menos elitista), privilegiada. Jodida, golpeada, pero privilegiada. Estudié en colegios desde el kinder hasta el bachillerato, me gradué del Instituto de Ciencias (#100cias100pre), mi papá y mi mamá no contaban con un gran capital pero siempre hubo comida en casa, buena comida, ropa, vestidos para estrenar en navidad y año nuevo, (dos fechas de las que recuerdo particularmente las celebraciones), dinero para pagar médicos particulares..., en fin, no quiero más que ejemplificar esos privilegios que algunos dan fácilmente por sentados. En casa se invirtió en dos cosas: mi educación y libros. Muchísimos libros me rodearon siempre. Si de un tema tenía duda, acudía a papá, él siempre respondía algo y si no sabía qué responder o quería complementar su respuesta, sugería uno o varios libros. Lo siguiente era que si los teníamos, los buscábamos, si no, íbamos a Gandhi o al Sótano a comprarlos. Aunque no hubiera dinero, siempre hubo para libros.

Así fue mi infancia y adolescencia...


Regresé a Guadalajara a los catorce. Por varios años estuve yendo y viniendo, atorada entre dos ciudades, sin decidirme por ninguna. Conocí el elitismo y clasismo como nunca antes, me enfrenté a la gente pudiente que sin tener tanto, presume de riquezas y conocimiento, como si la vida se le fuera en ello, y sí se les va en ello. Me enfrenté también a esa clase de intelectuales, activistas, opinólogos, que miran con desprecio a la vulgar e ignorante mayoría. Esos pensantes que escuchan a Bach y se burlan de Banda El Recodo. Aunque con unos tragos de tequila, muchos de ellos olviden el orgullo y los prejuicios y canten a todo pulmón:

Antes de conocerte todo era triste, sin ilusión, eran mis noches frías y un gran vacío es el que llenaba a mi corazón, pero cuando llegaste de mí arrancaste tanto dolor, me motivaste a amarte, con tu cariño y tu ternura mi vida cambió. Y llegaste túúú, como primavera en el frío a mi corazón, y llegaste túúú, entrando en mi alma como dulce nota de una tierna canción, y llegaste túúú, trayendo contigo todo un dulce sueño de ilusión, desde que tú llegaste me enamoraste con puro amor, y hoy quiero confesarte que solo tuyo, que solo tuyo es mi corazóóónnn...

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O la canción de amor/desamor que al momento más le acomode querida lectora o lector.

Y es que hay cosas que se dicen mejor de cierta manera, el corazón lo sabe. También sabe que hay momentos para celebrar el triunfo de las Chivas o llorar su derrota, aunque lo hagamos con los ojos rojos y en silencio, o mentándole la madre al árbitro vendido (qué es eso de comprar árbitros y partidos, Televisa no lo hace, cóóómo, ni que fueran el PRI); o para festejar a DiCaprio (el "actorcillo de moda" que tiene en su curriculum haber trabajado reiteradamente con un tal Scorsese; sí, sí, el mismo actor al que le atribuyen esa frase lapidaria dicha hace no sé cuántos años sobre las mujeres mexicanas, -¿sabían que Elvis Presley hizo alguna vez comentarios similares sobre las mujeres negras?-)... Y momentos para ser serios, hablar de temas importantes y solemnes, actuar como gente adulta (cuánto tenemos que aprender de las niñas y niños, cuánto tenemos que recuperar de nuestra infancia). 

Y así como el corazón, algunas personas, muy pocas, me temo, saben que prestar atención a estas cosas es no solo necesario, sino INDISPENSABLE, en un mundo donde hay tan pocas alegrías, donde la gente muere de hambre, las cárceles están llenas, la esperanza se agota. Por todo eso y para poder luchar en la realidad que nos oprime, tenemos que permitirnos escapar de ella de vez en cuando, tan frecuente como lo creamos necesario, y de la manera que a cada quien le plazca. Recargarnos así en la fantasía, en lo ridículo, en lo banal, no para quedarse en eso sino al contrario, para volver con fuerza a enfrentar la crueldad, la miseria, y crear un mundo nuevo, en nuestro interior primero, porque de ahí surgirá otra realidad posible. 

Escuchen a Bach o a Banda El Recodo, canten junto a José Alfredo o Intocable sobre el amor que los dejó, vayan al estadio a apoyar a su equipo o vean tenis por televisión, disfruten del cine de Tarkovski o descarguen películas de terror clase B como las que nos fascinaron cuando éramos tan jóvenes, inunden la casa con la voz de Carmen (la ópera favorita de mi papá), o con la última rola de Daft Punk, lean El País o chismes de la prensa rosa si les reconforta saber lo comunes que somos todos los mortales (incluyendo los famosos), sumérjanse por las noches en Ende, Poe, Lovecraft, Rowling, Roth o Christie..., bailen Daddy Yankee en la pista del antro o aprendan a tocar algún instrumento de cuerda... 

Hagan lo que quieran hacer, ninguna cosa excluye a la otra. Pero sobre todo, si me permiten el consejo (y es rarísimo que intente dar uno), piensen por ustedes mismos, aunque el mundo entero se ponga en contra.

Para cerrar solo quiero decir ¡Qué chingue a su madre el América! xD y dejarles 1 hora 51 minutos de Johann Sebastian Bach para que se deleiten y saquen las copas de cognac ;).

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Inés M. Michel

PlasmArte Ideas, marzo, 2016
Twitter: @plasmarteideas


  

*COCTEL DE LETRAS está a cargo de Inés M. Michel 

[Egresada del Instituto de Ciencias, generación 100, (100cias100pre). 
Las letras me han salvado de los hombres grises en innumerables ocasiones. 
Fiel lectora de Ende y de un sinfín de historias fantásticas y de terror. 
Casiopea es mi guía y confidente.]

Contacto: inesm.michel@gmail.com








*Ensalada Freak está a cargo de David A. Becerra

[Cocinero de primera, perdón de primer año, 
experto en revolver cosas sin un orden específico, 
se me encargó la elaboración de ensaladas y otros platillos. 
Tengo la intención de escribir varios libros,
 de cursar varios diplomados, algunas maestrías y un par de doctorados, 
 hablo más o menos español, y lo escribo al 50%;  
soy el fundador y único miembro de mi propio club de Star Wars.]

Contacto: davidalfonsobecerra@gmail.com













domingo, 28 de febrero de 2016

OSCARS 2016 | Por qué Leo no debe ganar



Por Inés M. Michel



Soy fan de Leonardo DiCaprio, pero no gracias a James Cameron y al barco que se hundió, todo fue culpa de Danny Boyle, sí, el director de Trainspotting (1996), quien en 1999 dirigió a DiCaprio en The beach, un filme sobre una isla paradisiaca ubicada en Asia, donde a Leonardo le acompañaron una vibrante Virginie Ledoyen (actriz francesa y también modelo), y la camaleónica Tilda Swinton, además de otros actores igual de fascinantes como Robert Carlyle.

Gif de The beach

Richard se llama su personaje, del que he confesado a voz en grito que siempre estaré enamorada. Un amor ingenuo e irracional, que me acompaña desde la adolescencia y que me ha hecho seguir obsesivamente la trayectoria de un actor igual de obsesionado con ganar el premio más preciado de la industria cinematográfica. Claro, muchas personas ponemos en tela de juicio esta premiación, marcada desde su origen por intereses políticos que poco tienen que ver con la cinematografía. Aún así, este es un show como solo los estadounidenses sabe montar, y son seguidos por millones de cinéfilos alrededor del mundo, lo cual tiene su importancia, nos guste o no.

Pasando a la nominación que nos ocupa este día domingo de un año bisiesto, hablemos un poco sobre The Revenant, película a la que ya dedicamos una entrada en este blog [Ensalada Freak | Premiere: The Revenant (Un Renacido con 12 nominaciones al Oscar)], revisando la interpretación de DiCaprio, el principal mérito que encuentro es el esfuerzo físico que le exigió el papel, pero esto no me parece suficiente para ganar el Oscar. (Espero no llegue una horda de fanáticos enojados a las puertas de mi casa después de publicar esto, tengan clemencia, ya aclaré que yo también soy una). 

En una premiación se trata de ver quién fue superior,  Eddie Redmayne (The Danish Girl, Tom Hooper), el principal competidor al que se enfrenta, lo es en todos los sentidos. Redmayne, fue ganador en la edición pasada por The theory of everything (James Marsh), donde, con una excelsa actuación, encarnó a uno de los hombres más brillantes de nuestros tiempos, Stephen Hawking, leyenda viviente de la física; este año volvió a deleitarnos en un biopic donde interpreta a una de las primeras mujeres transgénero de la historia: Lili Elbe.

Fotograma de The Danish Girl
La polémica está servida, pero sostengo firmemente que Eddie tiene todo para llevarse, por segunda ocasión, la codiciada estatuilla, su trabajo actoral es impecable, cada gesto cuidado, fino, mesurado. Este actor tiene un control absoluto de su cuerpo, de cada una de sus expresiones, entiende al personaje en que se transforma de modo tal, que logra conectar cada uno de sus sentimientos y emociones con la audiencia.

Por el otro lado, Leonardo..., (suspiro...). Revisemos parte de su filmografía, la cual he visto casi completa, (me faltan varios de sus primeros trabajos porque rara vez he sentido interés por buscarlos). Sus papeles más relevantes empiezan en 1993 con What's eating Gilbert Grape? (Lasse Hallström), por la que estuvo nominado como Mejor actor secundario; en 1996 lo vimos como Romeo Montesco al lado de Claire Daines (Juliet Capuleto), en Romeo + Juliet de Baz Luhrman, (donde, por cierto, Claire y Leonardo tuvieron una pésima relación, ya que a Daines le parecía sumamente engreído su coprotagonista); llega 1997 y la inolvidable Titanic (James Cameron), que hemos visto hasta el cansancio (yo sigo sin cansarme, de hecho), todos nominados, TODOS, menos Leonardo (¬ ¬), de catorce categorías en las que competía, Titanic ganó once, incluyendo Mejor película y Mejor director para Cameron, conocido por dirigir superproducciones (Terminator -1984 y 1991-, y Avatar -2009-, como ejemplos); brinquemos a 2002 y a su colaboración con Steven Spielberg en Catch me if you can, donde se pone en la piel de Frank Abignale, un estafador que termina trabajando para la policía (SPIOILER ALERT!, je), historia basada en hechos reales (lo cual significa que: sucedió más o menos así pero con gente más bonita, como ponen en un meme que vi hace algunos meses); mismo año, tenemos Gangs of New York, iniciando así una relación laboral muy fructífera con Martin Scorsese, la cinta estuvo nominada a diez premios Oscar..., no ganó ninguno; siguen cuatro títulos de esta mancuerna: The aviator (2004), donde Leonardo aspiró al gran premio por su papel del excéntrico Howard Hughes; The departed (2006), esta vez tampoco fue considerado por la Academia; Shutter Island (2010), película de suspenso donde da vida a un detective que empieza a perder la razón mientras hace una investigación en un hospital psiquiátrico (o eso creemos durante gran parte del filme), y finalmente, The wolf of Wall Street (2013), si me preguntan, la única de esta lista precedente en la que considero debió ganar el Oscar, aquí nos cuentan la historia de Jordan Belfort, basándose en las memorias escritas por él mismo, un corredor de bolsa que lo hizo todo en esta vida..., hasta que cayó en desgracia..., y se recuperó de ella. 

El trabajo corporal de DiCaprio en este filme, me parece, que es lo mejor logrado en su carrera, aunque raya en lo sobreactuado en diversos momentos, pero la escena en la que se arrastra, completamente drogado hasta su Lamborghini es simplemente, genial (Crawl like Skylar!).




Intermedios entre estos trabajos donde fue dirigido por Scorsese, no quiero dejar de mencionar Revolutionary Road (2008) de Sam Mendes (quien dirigió una de mis películas favoritas de todos los tiempos: I am Sam -2001-), en donde volvió a actuar junto a su gran amiga (desde Titanic), Kate Winslet; e Inception del gran Christopher Nolan (Memento -2006-, Batman: The dark knight -2008-, The dark knigth rises -2012-, e Interstellar -ignorada en la edición pasada de los Oscar en las principales categorías-, por mencionar mis favoritas).

Y llegamos hasta The Revenant, así que les respondo la pregunta que titula a este texto, no creo que Leonardo deba ganar porque Eddie Redmayne fue superior, si DiCaprio merecía ganar un Oscar fue con The wolf of Wall Street, pero no se lo otorgaron, y nunca he estado de acuerdo con esa rara costumbre de la Academia de dar Oscars retrasados, lo han hecho con directores, actores..., a algunos se lo siguen debiendo como en el caso de Gary Oldman (Léon: The professional -1994-, The fifth element -1997-, solo como ejemplos que de memoria cito como dos trabajos de él que en su momento me conmocionaron).


Si gana, pues sí, me dará gusto, no voy a negarlo, el hecho de verlo subir por el premio y escuchar lo que tenga que decir, y que ha tenido que callar en ediciones pasadas, será todo un fenómeno, que de por sí ya es en redes sociales con toda la expectativa que ha generado, (eventos para acudir a celebrar si gana, a puntos de reunión en distintas ciudades, se han duplicado alrededor del mundo, los memes no han parado y no pararán, -gane o no-). Pero eso no quita que será injusto..., y sí, ya sé, la vida rara vez es justa. 

A unas horas de saber el resultado, me retiro y espero disfruten su tarde, ya sea que sean fans de Leo o no, #please, no se tomen las cosas tan en serio (y menos los Oscars). 



Inés M. Michel
@inesmmichel

PlasmArte Ideas, febrero, 2016
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